El hombre de acero 26-06-2017 01:55 (UTC)
   
 

El hombre de acero
(Zack Snyder, 2013)


El hombre de acero




Ficha técnica


Título original:
Man of steel
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
148 min.
Género:
Acción, Ciencia ficción
Director:
Zack Snyder
Guión:
Christopher Nolan, David Goyer, Jerry Siegel y Joe Shuster
Reparto:
Henry Cavill, Michael Shannon, Diane Lane, Amy Adams, Russell Crowe, Antje Traue, Harry Lennix, Richard Schiff, Christopher Meloni, Kevin Costner, Ayelet Zurer, Laurence Fishburne, Dylan Sprayberry, Cooper Timberline, Mackenzie Gray y Julian Richings


Sinopsis


Un niño descubre que posee poderes extraordinarios y que no pertenece a este planeta; durante su juventud viaja para descubrir sus orígenes y las razones por las cuales ha sido enviado a la Tierra, pero el héroe que lleva dentro tiene que emerger para que pueda salvar al mundo de la aniquilación y  convertirse en el símbolo de esperanza para la humanidad.



Crítica


Los entendidos han asegurado fervientemente desde siempre que el personaje conocido bajo el pseudónimo de Superman (durante la película se especifica que dicho término debe su concepción a una nomenclatura inventada por parte de la raza humana para definir a semejante ente) es el primero y más inmediato prototipo de los superhéroes habidos y por haber (que dos mil trece se traduzca en el setenta y cinco aniversario del mismo podría avalar tal hipótesis), pero durante los últimos ocho años se ha tenido que conformar con observar desde la lejanía (concretamente desde la televisión mediante la exitosa serie Smallville) cómo Batman arrasaba en la taquilla internacional, al igual que los defensores de la competencia (Los vengadores, Iron Man, Spiderman, Thor, El Capitán América...), mientras suspiraba por tener una nueva oportunidad de demostrar su valía a pesar de que todo lo relativo a sus anteriores incursiones cinéfilas se tradujeran en decepcionantes fracasos amén de la primera (sin ir más lejos Superman returns recaudó más de trescientos millones de dólares pero desencantó grandiosamente a los seguidores de las viñetas, e incluso en cuanto a beneficios se refiere es exigible mucho más, sobre todo comparándolo con los novecientos millones conseguidos por Iron Man 3 y los más de mil de Los Vengadores, tercera producción con más recaudación de la historia); tal vez por lo señalado ésta entrega sea la más espectacular (o la más excesiva, según el criterio subjetivo de cada cual, siendo en cualquier caso indiscutible el poderío audiovisual logrado tras la inversión del nada menos que cuarto de millón de dólares presupuestarios), siendo en síntesis un derroche de efectos especiales realmente apabullante que a la postre solamente parece obedecer al propósito de ocultar el vacío de la historia y el sinfín de empeoramientos que se atisban en relación con la laureada versión de Christopher Reeve (sin poderse comparar la presente con la protagonizada por Richard Donner al haber cambiado radicalmente los tiempos perdiendo parte de la inocencia y el sentido del humor que hicieron especial aquella son evidentes las similitudes entre ambas y por ende parangonar la una con la otra es un acto inevitable), por lo que los idealizadores de ésta deberían abstenerse de presenciar lo que de buen seguro considerarán una espantosa (y supuesta) revisión.

El hombre de acero  El hombre de acero
Si de algo puede presumir El hombre de acero es de ser una fiel deudora de la sociedad americana actual (enormemente agradecible se antoja tal veracidad al dotar a la trama de algo de concienciación moral), y es que aunque la estrella sea un alienígena el patriotismo corre por sus venas (sentimiento especialmente acentuado al haberse criado en Kansas, como se encarga de especificar el mismo en los compases finales a modo de irrelevante comicidad) y el dicho que asegura que ni los malos son tan malos ni los buenos tan buenos cobra una relevancia mayúscula tras pronunciarse simbólicamente el mensaje ecologista aprovechando la destrucción de su planeta natal, fugaz referencia religiosa que se suma a muchas otras (lo cierto es que tal decisión es acertada al haber sido presentado en multitud de ocasiones como un posible Jesucristo enviado a salvar y guiar a la humanidad hacia un futuro mejor) y a las pertinentes a los clásicos de la ciencia ficción (La guerra de las galaxias y sus naves estelares, La guerra de los mundos y sus temibles trípodes...) e incluso a las dos primeras partes de Superman (homenajeadas con respeto aun formando parte de un submundo adyacente poco explotado); Christopher Nolan, al parecer, quería disfrutar de unas merecidas vacaciones sin dejar de participar en producciones de alta categoría, y por ello ejerce de guionista (junto a David Goyer, su inseparable compañero últimamente) y productor dejando firmar esta adaptación en la que se vuelve a contar la historia desde el principio basándose en los cómics a un especialista en estos lares, Zack Snyder (la rumorología consideró serios candidatos a otros como Guillermo del Toro, Robert Zemeckis, Tony Scott, Matt Reeves o Ben Affleck pero finalmente fue él el encargado), quien ya demostrara (y lo hace otra vez ahora) en 300 y Watchmen su pasión y devoción por el noveno arte, tratando con cariño y esmero (aunque con m
ás bien poco acierto) a cada una de las personalidades plasmadas.
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Tras una larga etapa en la que el control mental ha primado por encima de la libertad de pensamiento preestableciendo las labores que desempeñarán durante sus vidas los futuros pobladores, el antiguamente apacible planeta Krypton se encuentra al borde de la destrucción total, razón por la cual el matrimonio compuesto por Lor-Van (Ayelet Zurer, apenas aparece cinco minutos pero los borda) y Jor-El (Russell Crowe, batallador y glorioso como en Gladiator aun no destacando tanto como lo hiciera Marlon Brando) decide concebir premeditadamente al primer hijo biológico que conoce el lugar desde hace siglos para que haga prevalecer su raza y pueda ser como realmente desee, enviándolo en una cápsula a un emplazamiento en el que sus habitantes parecen poseer el don de razonar (otra cosa es que lo hagan) para que la esperanza que simboliza el emblema que con tanto ahínco han defendido (en efecto, la célebre ese refleja la mitología de una sociedad de armadura y capa donde la misma es el escudo de armas de la familia y la malla no es más que lo que se ponen bajo el uniforme de guerra) permanezca intacta, la Tierra; varios años después Kal-El ha pasado a llamarse Clark Kent (el británico Henry Cavill, el primer actor no estadounidense en interpretar al personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster al que como sucediera en Inmortals la frialdad con la que lleva a cabo su labor es su mejor consejera) en aras de integrarse entre los terrícolas, difícil tarea a la que sus padres adoptivos (Kevin Costner y Diane Lane, perfectamente compenetrados e igualmente inmejorables) han intentado ayudarle de todas las formas posibles, aunque nunca les ha resultado sencillo convivir con el enorme potencial que el joven alberga y el peligro que atañe.

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Atormentado por los poderes que tiene (el paulatino conocimiento de los mismos se muestra a partir de pasajes que van salpicando los dos primeros tercios de la narración y que relatan cómo el clan intenta gestionar lo mejor que puede la dura infancia del niño que cambiará el mundo) y notando que cada vez adquieren una mayor intensidad, se pregunta cuál es el origen de su existencia y qué fin debe darle a ese don que posee mientras la descarada e intrépida periodista Lois Lane (Amy Adams, gran actriz nominada hasta en cuatro ocasiones a los Oscar que no brilla especialmente en su banal cometido) trata de convencer a su editor Perry White (Laurence Fishburne, el primer afroamericano que interpreta dicho papel con la misma convicción que lo hizo con Morpheo en la trilogía Matrix, presentando asimismo las mismas fisuras pasionales que entonces) de que es la mejor reportera con la que puede contar el desvelar la identidad del solicitado hombre de acero (aquí surge por primera vez el término Superman en consecuencia a su inaudita resistencia); no se trata ni mucho menos de un simple reportaje, y es que el mundo se encuentra asolado por el crimen y un ataque externo que responde al nombre del General Zod (Michael Shannon, en Stake shelter encandilaba y aquí horroriza certeramente), un villano al que acompañan otros criminales fugados de la Zona Fantasma (una prisión para criminales kryptonianos) como Faora (Anthe Traue, la protagoniza algunas de las mejores secuencias de acción de la cinta enamorando en todo momento), su mano derecha y una de las principales artífices de que el deseado milagro para que vuelva la paz y la estabilidad cada vez se presuma más complicado (es entonces cuando la heroicidad entra en juego, estando la imagen de Christopher Reeve levantando el vuelo con el puño alzado indefectiblemente asociada a la música del maestro John Williams, y a pesar de echarse de menos las fanfarrias la nostalgia tampoco debe empañar el grandioso trabajo del compositor Hans Zimmer, quien cuenta en su haber con los oportunas a la par que magistrales composiciones de Origen y El rey león entre muchas otras).

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Numerosas contradicciones como que imponentes rascacielos se desplomen cual castillo de naipes ante un ataque invisible, que implacables aeronaves militares sucumban ante misteriosos cambios gravitatorios, que impactantes batallas campales de desmesurada duración (sensación que abarca también el conjunto de la propuesta al poderse haber reducido las dos horas y media a la mitad) se sucedan sin mesura, que justificables escenas emotivas no transmitan absolutamente nada, que fabulosas excentricidades no trasciendan la habitualidad (la tridimensionalidad vuelve a desaprovecharse otra vez sobremanera convirtiéndose en una opción de visionado totalmente prescindible), que el barroquismo visual pueda catalogarse tanto de majestuoso como de inasumible, que un inhóspito planeta de inmaculada belleza solamente se observe durante el extenso pasaje inicial (algunos de los planos más destacables que firma el director de fotografía Amir Mokri pertenecen a dicho emplazamiento), que los teóricos homenajes en no pocas situaciones rocen la indecencia (a diferencia de la versión de antaño interpretada por el mítico Marlon Brando el científico más brillante de Krypton se pone la armadura y lucha ferozmente), que no se mencione para nada el mineral verde que suponía el único punto débil del héroe para hacer la historia más creíble pero sin embargo se cargue de contenido fantástico prácticamente toda la historia,   que las referencias al universo de DC Comics sean tan frecuentes como inapropiadas (varios rótulos en edificios y vehículos de la empresa némesis por antonomasia de Superman y el logo que aparece en el destruido en la tremenda batalla final aparecen sin motivación alguna), que se trate de innovar obviando la portación de ropa interior roja exterior pero el tejido del traje sea idéntico al del último Spiderman... imposibilitan juzgar con total positivismo la película; no obstante, a pesar del sinfín de inexactitudes recogidas durante toda la opinión (sentenciar que se trata de una crítica posiblemente sería un gran equívoco al estar ésta relacionada directamente con el destripe escritural), la ineludible cita que supone ver de nuevo a Superman volar en la pantalla grande es motivo suficiente para recomendar El hombre de acero, más si se asegura como de hecho se hace que con ella se han abierto las puertas a presumibles secuelas e incluso a la tan esperada Liga de la Justicia (uniendo a los principales personajes de la compañía como Superman, Batman o Wonder Woman), se transforma inmediatamente en una ineludible cita de descomunal entretenimiento y mediana elocuencia.



Daniel Espinosa




 
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