El cuerpo 24-06-2017 18:55 (UTC)
   
 

El cuerpo
(Oriol Paulo, 2012)


El Cuerpo




Ficha técnica


Título original:
El cuerpo
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
107 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Oriol Paulo
Guión:
Oriol Paulo y Lara Sendim
Reparto:
José Coronado, Belén Rueda, Hugo Silva, Aura Garrido, Juan Pablo Shuk, Cristina Plazas, Oriol Vila, Manel Dueso y Albert López


Sinopsis


La desaparición del cadáver de la empresaria Mayka, una mujer dura que siempre ha creído tener todo bajo control y que fue asesinada en condiciones poco claras, propicia una investigación; el encargado de llevar el caso será el inspector Jaime Peña, un hombre destrozado anímicamente después de la repentina muerte de su propia esposa.



Crítica


Al fin se puede afirmar, sin riesgo a equivocarse, que el cine íntegramente español (sin reparto ni director de nacionalidad distinta) ha alcanzado el nivel ideológicamente sobresaliente que caracteriza a la industria estadounidense (al menos a las buenas producciones que ésta produce), pues El cuerpo, obra del debutante Oriol Paulo, guarece todo aquello que han hecho populares a cintas de semejante índole procedentes de tierras americanas (giros inesperados a la par que elocuentes, dobles moralidades de difícil asimilación, enigmas que únicamente se desvelan en los compases finales de la trama, personajes tan variopintos como interesantes...), convirtiéndose indudablemente en una de las mejores propuestas (originariamente patrias) del presente año; generando continuas sospechas acerca de la verdad absoluta que se oculta tras el complicado mosaico de posibilidades plasmadas (en incremento exponencial a medida que avanza la película), el director va desgranando magistralmente los múltiples aspectos de cada uno de los protagonistas, construyendo un thriller (policíaco a la par que psicológico) de épicas dimensiones propio de la mejor de las estrategias planteadas en la mundialmente exitosa saga Saw (de hecho son muchos los componentes que se podrían atribuir directamente a la misma).

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El cadáver de Mayka Villaverde (Belén Rueda, considerablemente rejuvenecida aunque igualmente aborrecible), una de las mujeres más influyentes y adineradas de la sociedad española difunta hace escasas horas, cuyo poder solamente era comparable al arriesgado estilo de vida que llevaba, desaparece misteriosamente del depósito de cadáveres tras la enigmática huída del guarda nocturno del recinto, quien es atropellado posteriormente al emprender una acelerada marcha en aras de alejarse rápidamente del lugar, su hasta entonces esposo Álex Ulloa (Hugo Silva, sorprendentemente ideal) se ve en la obligación de acudir a la morgue con la finalidad de responder a las preguntas que le formula el inspector Peña (José Coronado, sobreactuación y singularidad se unen en su persona), el cual sospecha amargamente de la involucración del mismo; a
unque en un principio parece no restar ningún indicio en la escena del delito que esclarezca la anómala situación en aras de encontrar el cuerpo ausente, comienzan a aflorar una ingente multitud de secretos que rodean la teóricamente plácida e irreprochable existencia de Álex, descubriéndose su relación de larga duración con Carla (Aura Garrido, deseable pero subjetivamente inadecuada) y sus verdaderas intenciones matrimoniales, alejadas por completo de lo que los papeles conyugales recogían, de este modo, una serie de giros repentinos terminarán por revelar el auténtico acontecer cronológico de los hechos y determinar las responsabilidades de cada uno de los citados personajes, tanto pasadas como presentes, confluyendo en un desenlace en el que la medicina y la astucia convergen para provocar una sorpresa arduamente deducible (tal es así que se sitúa peligrosamente en el siempre estrecho límite que separa lo racionalmente aceptable de lo totalmente inconcebible).
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Belén Rueda
(que con tres inauguraciones en el Sitges film Festival interpreta a una mujer que dista enormemente de sus papeles anteriores, demostrando así que se encuentra en un gran momento interpretativo y que es capaz de solventar con notabilidad la empresa que la sea precisada), Hugo Silva (que alcanza un nivel extraordinario con su encarnación y pletórico devenir, siendo ejemplo de ello la escena en la que debe ingerir una hoja de papel para hacer desaparecer cierta prueba incriminatoria, tan angustiante como formidable) y José Coronado (que se muestra canoso, profesional y premeditadamente alicaído) facilitan la complicada labor que Oriol Paulo ansía (direccional y escrituralmente, pues también firma el elaborado guión de la propuesta junto a Lara Sendim), la de transmitir con seriedad y personalidad las sensaciones (impredecibles y evolutivas) de las respectivas caracterizaciones que transitan por la pantalla a lo largo de la gran e impredecible trama.

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Diferenciando a la perfección los dos tiempos espaciales en los que se divide la historia vinculados con la representación de dos mundos completamente opuestos (en el depósito de cadáveres transcurre el presente durante una única noche entre pasillos oscuros y viejos, mientras que en la casa que comparten Mayka y Álex acontece el pasado repleto de lujo en espacios suntuosos), el primero ocasiona las motivaciones postulares y el segundo hostiga cierto racionalismo europeo, resultando un componente laberíntico (inmejorable símil con la situación en la que se encuentra Álex, un embrollo virtual del que no consigue escapar) y mostrando así claramente la diferenciación de caracteres a lo largo de la cinta; no obstante, el ocurrente entramado, macabro e inverosímil, no convence especialmente, ya que si bien es cierto que la primera parte de la producción infunde suspense e inquietudes, no lo es menos que la segunda agota la paciencia hasta del más tolerante debido al atildado proceso progresista (con un ritmo trepidante pero, por desgracia, cuantiosas carencias conectivas).
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El filme se podría englobar fácilmente en la clásica narrativa, pues su factura presenta de manera transparente la trama asemejándose al cine negro de los años cuarenta y cincuenta, aunque la meticulosidad con la que van evolucionando los hechos está directamente relacionada con trabajos mucho más actuales (tales como Una simple formalidad, de Giuseppe Tornatore); a pesar de la excelente conceptualización y el continuo desarrollo de la historia, ciertos aspectos como la poca convicción del desenlace (apresurado y desacertado) y la escasa credibilidad del reparto en determinadas secuencias cruciales (intolerable actitud que finalmente suscita repulsión) terminan por convertir el producto en uno mucho más intrascendente de lo que debiera ser, pues los elementos empleados y el proyecto mismo son primariamente geniales, no cabe (o no deber
ía) la menor duda de ello.


Daniel Espinosa




 
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