Dancing dogs 22-06-2017 16:39 (UTC)
   
 

Dancing dogs
(Anna Nemyrovy, Charbel Bou y Giovanni Smets, 2012)


Dancing dogs




Ficha técnica


Título original:
Dancing dogs
Año:
2012
Nacionalidad:
España
Duración:
89 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Anna Nemyrovy, Charbel Bou y Giovanni Smets
Guión:
Anna Nemyrovy, Charbel Bou y Giovanni Smets
Reparto:
Sarah Shaw, Gabriela Spunt, Jo Arpin y Andrés Mercado


Sinopsis


Dos hermanas, Lily y River, se reencuentran a raíz de la muerte de su tercera hermana; la última voluntad de ésta fue que esparcieran sus cenizas en una playa donde pasaron los mejores momentos de su niñez. Buscando el lugar son secuestradas por una profesora de ballet perturbada que las obliga a preparar un espectáculo llevándolas al límite.



Crítica


Englobada dentro del fuerte apoyo que la ciudad de Sitges (concretamente el Sitges Film Festival 2012) está brindando a nuevos talentos para potenciar sus prometedores dotes (tanto directivas como interpretativas), Dancing dogs puede presumir de haber gozado de un estreno idílico en el marco del citado certamen horas antes de que éste se inaugurara oficialmente, por lo que la promoción ofrecida y la confianza depositada en el equipo responsable en aras de propiciar una difusión relativamente importante (fácilmente de ningún otro modo la hubiera tenido) ha posibilitado el visionado de dicho trabajo; así, Anna Nemyrorvy, Charbel Bou Antoun y Giovanni Smets, provenientes del centro de formación de estudios cinematográficos ubicado en Sitges Afilm, debutan tras las cámaras demostrando la futura cristalización que de buen seguro experimentarán en un futuro muy próximo, pues el alarde de talento que protagonizan es de considerable mérito (no obstante, éste queda fuertemente mermado por la dificultosa consecución del filme).

Dancing dogs  Dancing dogs
Lily (Sarah Shaw, modélica en apariencia física y muy completa actoralmente) y River (Gabriela Spunt, inentendible cuando se expresa en castellano pero convincente en su totalidad), dos hermanas compungidas por la reciente pérdida de una tercera, se embarcan en un viaje incierto con el propósito de satisfacer la última voluntad de la difunta consistente en esparcir sus restos por la playa que tanto rememoraba y en la que las tres compartieron cuantiosos momentos en la ya lejana niñez, cuya localización concreta desconocen; es por ello que se dirigen a Sitges, ciudad profundamente rural y peligrosa (nada más lejos de la realidad, pero así es mostrada en la historia) que transitan siguiendo las indicaciones que la desaparecida les proporcionó escrituralmente en sus últimos días de vida sabedora de su inminente partida digamos infinita.

Dancing dogs  Dancing dogs
La situación se torna insostenible cuando son secuestradas por Elizabeta (Jo Arpin, correcta salvo en el tramo final, en el cual desvaría sobremanera), una antigua profesora de danza clásica cuya perturbación mental la exige comportarse de manera obscena y salvaje en relación a las recién llegadas (éstas se albergan en el teatro en el que reside la extraña como consecuencia de la desorientación), a las que presiona para que escenifiquen un espectáculo llevando al límite su resistencia física y emocional, labor a la que la ayudará servicialmente su anormal hijo Íñigo (Andrés Mercado, totalmente fuera de lugar desde el primer instante, cargante y ofuscador); las jóvenes se verán obligadas a colaborar con Elizabeta y luchar para sobrevivir al tormento que las depara el destino mientras son adiestradas cual animal salvaje con la intención, por parte de la macabra maestra improvisada, de bordar la obra que urde para así evitar que clausuren definitivamente el edificio destinado a su cotidianeidad personal y profesional (ésta es la fundamentación expuesta, aunque no se esclarezca claramente).

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Los reconocibles emplazamientos emblemáticos de la ciudad de Sitges (entre ellos el teatro reconvertido en cine Prado, en el que acontece gran parte de la trama), la formidable premisa de la que parte la historia (la danza se convierte en tormento en un mundo extremadamente cruel y competitivo, en el cual los habitantes padecen el desvanecimiento de sus sueños) y las genuinas caracterizaciones (todas ellas sumergidas en un océano de melancolía y locura) resultan gratificantes pero, aunque el primer tercio de película pueda incluso definirse como original, el resto peca de obvias referencias fílmicas (especialmente insufribles y contradictorias a raíz del citado secuestro de las dos chicas), propiciando que la propuesta se torne recurrente y, en último término, artificialmente inadecuada (hecho al que el conjunto de actores seleccionados perjudica en gran medida, pues salvo las dos protagonistas que logran alcanzar un nivel más que decente, los demás integrantes resultan deficientes).

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Presentando innumerables carencias y errores ejemplificados constantemente en inaceptables planos (desubicados e informales) y desaprovechamiento de los recursos (la escopeta que sirve de arma de fuego amenazante muestra su plastificación alarmantemente), los directores no consiguen convencer técnicamente en ningún aspecto, ya que si bien el pulquérrimo presupuesto del filme no permite consumar la laboriosidad pretendida, la fluidez de la trama apenas acontece, hecho que sí es imperdonable de cualquier modo sin importar los medios de los que se dispongan ni mucho menos desmerecer la recurrencia emocional.



Daniel Espinosa




 
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