Día 1 (Cyptshow Festival 2013) 19-11-2017 08:45 (UTC)
   
 

El valle de Gwangi  (largometraje, 96’)
(Jim Connolly, 1969)




Un empresario quiere potenciar su espectáculo de circo con un número único en el mundo, la presentación de un caballo de veinte centímetros de altura; un profesor y un aventurero parten hacia la cueva en la que debería habitar el ejemplar, pero encuentran otra clase de ser realmente temible...



Y la muerte lo seguía  (cortometraje, 20’)

(Ángel Gómez, 2012)




El joven Johnny es testigo de excepción del insólito relato narrado por un viejo indio a la luz de una fogata que trata sobre las desventuras de Fred Carlson en busca del asesino de su esposa, una persecución que durará m
ás de dos años y que concluirá en un misterioso poblado de Arkham.


Literalmente  (cortometraje, 1’)

(Néstor Fernández, 2011)




Un día de caza puede resultar muy especial si acontece literalmente...



Presence required  (cortometraje, 12’)

(María Gordillo, 2012)




Una pareja de Brooklyn se asusta al descubrir que el espíritu que habitaba su casa durante años se ha marchado sin avisar, por lo que busca consejos en una vidente que les avisa lo difícil que es encontrar un buen fantasma en los tiempos que corren, pero no pierden la esperanza.



Les dinosaures pleurent aussi  (cortometraje, 2’)

(Galder Arriaga, 2011)




Los dinosaurios no lloran, pero igualmente sufren sus infortunios.



Tin y Tina  (cortometraje, 12’)

(Rubin Stein, 2013)




Esta noche Tin y Tina no van a tomar puré, tienen un plan mejor...



Baby, I love you  (cortometraje, 3’)

(Faiyaz Jafri, 2013)




Una joven se enfrenta a su lado más oscuro y, por ende, peligroso.



Tus gritos me dan risa  (cortometraje, 15’)

(Sergio Morcillo, 2012)




Una familia es acosada por un payaso deforme en Nochebuena...



Yellow  (cortometraje, 26’)

(Ryan Haysom, 2012)




Un anciano inicia la búsqueda para dar caza a un desconocido asesino en serie de mujeres que está cometiendo horribles asesinatos alrededor de las brillantes luces de neón de la Berlín de principios de los noventa.



Vencidos  (cortometraje, 8’)

(José Meneses, 2012)




La discusión entre un soldado y su mujer da lugar a dos visiones opuestas sobre la guerra que viven, pero sólo una pasará a la historia.



Chilly  (cortometraje, 5’)

(Dylan Kohler, 2013)




A medida que el calor aumenta en una habitación de hotel, un cubo de hielo explica las maravillas de la refrigeración moderna a un hombre.



Till death do us part  (cortometraje, 13’)

(Julián Lara, 2012)




Lisa y Joseph forman una pareja muy enamorada a punto de casarse...
hasta que la muerte los separe; él está obsesionado con demostrarla su amor y ella con las invitaciones a las antiguas novias de su prometido...


Rubik’s cube terror  (cortometraje, 6’)

(Sander Maran, 2012)




En una autostopista un hombre se encuentra un cubo de rubik peculiar.



Con la comida no se juega  (cortometraje, 9’)

(Daniel Caneiro, 2013)




Durante una cena familiar, Antonio trata que su hija recapacite y deje de encariñarse siempre de quien no debe, todo por el bien de la familia.



O membro decaido  (cortometraje, 17’)

(Lucas Sá, 2012)




No, prometemos no llorar, aunque para ello sea preciso un sacrificio...



El otro  (cortometraje, 18’)

(Jorge Dorado, 2012)




Andrés vive en una caravana en el bosque apartada de la civilización; una mañana, mientras se acerca al pueblo a por suministros, conoce a Daniela y su vida cambia, amaneciendo al día siguiente tirado desnudo.



Mr.Bear  (cortometraje, 14’)

(Andrés Rosende, 2012)




Un hombre corriente tropieza con unos criminales en la escena de un crimen y éstos lo confunden con un profesional encargado de deshacerse de los cuerpos, por lo que se ve forzado a decidirse entre dos opciones, desmembrar los dos cadáveres o convertirse él en uno más de ellos.


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El Cryptshow Festival 2013 ha arrancado con la proyección en primicia del video promocional del presente año (una sutil a la par que espléndida crítica al  complicado presente e incierto futuro que padecen los jóvenes) al que ha seguido el primer y único largometraje de la jornada, la aburrida El valle de Gwanji de Jim O’Connolly, una rareza del séptimo arte que destaca únicamente por tener como técnico en efectos especiales al norteamericano Ray Harryhausen, un avanzado a sus tiempos que fue considerado por multitud de expertos como el maestro por excelencia de dicha labor a pesar de no poder catalogarse ni mucho menos de tan excelente forma en la actualidad, afirmación sustentada en las carencias técnicas que se observan en sus no poco elaborados trabajos distantes ostensiblemente de lo foralmente correcto, siendo un claro ejemplo la producción en cuestión que, amén de no poseer el ritmo narrativo medianamente deseable (la hora y media se vuelve eterna), deja mucho que desear en cuanto a realismo (las criaturas presentan una coloración tan dispar como inexplicable) y rigor (la proporcionalidad titubea en no pocos momentos, como la equivalencia altitudinal de un dinosaurio con un edificio de tres pisos para instantes después pasar a ser similar a la de un elefante); a pesar del efecto negativo que produce el visionado de la cinta cabe señalar que llama poderosamente la atención la premisa que ésta dibuja al girar en torno a un empresario que pretende potenciar su espectáculo de circo con un caballo de apenas veinte centímetros ubicado en un desconocido valle ocultado tras una oscura cueva conocida únicamente por un profesor y un pequeño aventurero, indispensables acompañantes del negociante junto a la oportuna bella dama y el galán de turno que intentará conquistar el corazón de la misma haciéndola creer que el hombre al que ama es un ser egoísta y profundamente odiable (lo cual es cierto hasta que comienza a priorizar sus sentimientos en detrimento de sus negocios), significando una de las primeras películas que mezclaron vaqueros con monstruos (supuestamente) gigantes, una temática que en el presente se ha consolidado como un recurrente y
últimamente muy castigado subgénero.

El primer bloque de cortometrajes a competición ha acontecido paralelamente a la interesante mesa redonda acerca de los mercados alternativos surgida a partir del cambio sufrido en el mundo de la distribución audiovisual siendo los directores sin recursos los principales beneficiados al liderar tal cambio tras recurrir a internet para buscar dinero de financiación a lo largo de sus carreras (Moisés Tuñón, Quim Crusellas y Pablo Menéndez han sido los participantes en dicho coloquio), comprendiendo cómo un viejo indio cuenta a la luz de una fogata a un testigo de excepción el pasado en forma de fábula de un malvado asesino que sembró el caos allá por donde pasaba hasta que la muerte finalmente le dio caza para cobrarse la venganza que le pertenecía en Y la muerte lo seguía de Ángel Gómez (la ambientación creada es excepcional pero la densidad que destila en todo momento indeseable), cuan elocuentes pueden resultar las frases hechas en ciertas situaciones en Literalmente de Néstor Fernández (tan magistral como inteligente es el minuto que abarca siendo el mayor exponente de corta duración), hasta dónde puede llegar a afectar la problemática laboral al incumbir incluso a los espíritus al verse obligados a pasar determinadas pruebas para residir en la morada que desean habitar sin dejar abandonado el ancestral conflicto existente entre novio y suegra en Presence required de María Gordillo (el humor negro es el mejor aliciente y el innecesario prolongamiento de los acontecimientos el peor), las extrañas vivencias de un dinosaurio de plástico que no llega a comprender por qué el entorno que le rodea es tan dañino para él en Les dinosauriens pleurent aussi de Galder Arriaga (amena aunque carente de sentido es la pieza), hasta qué punto una persona repleta de prejuicios puede llegar a provocar la consumación de la mayor de las atrocidades en sus propios hijos aun creyendo éstos que la finalidad de las mismas es necesaria e inocente en Tina & Tina de Rubin Stein (la ausencia de color no se explica ni el giro cuasi satánico final aun prevaleciendo la atracción del trasfondo que alberga), el peligro que conlleva enfrentarse al lado oscuro de uno mismo en Baby, I love you de Faiyaz Jafri (complicada es su lectura pero apasionante el devenir que depara al sanguinario dibujo animado), el divertimento aparejado a los payasos desde tiempos inmemoriales en su vertiente más visceral en Tus gritos me dan risa de Sergio Morcillo (el bajo coste que evidencia la grabación se disimula grandiosamente con efectivo maquillaje y diabólicos sobresaltos) y el amplio abanico de dudas que abre desconocer por completo a un asesino en serie en Yellow de Ryan Haysom (prácticamente insoportable salvo los primeros instantes en los que al menos se atisba cierto de grado de la violencia prometida durante el resto de trama), a los que ha acompañado un simpático mensaje musical defendiendo el uso del metro en lugar del tren al suponer una amenaza ineludible sea cual fuere la actividad que se desempeñe (cada acción que emprendían los personajes terminaba por significar su muerte a causa de un accidente ferroviario, una obra tan sencilla como alabable).


El segundo y último bloque ha servido para plasmar la discusión entre un soldado y la mujer de éste encontrándose sendas visiones sobre la guerra en la que están inmersos en Vencidos de José Meneses (aun conteniendo bastante dramaturgia desechable como ha reconocido el propio director al acudir al evento declarando que sus pretensiones distan mucho de las recogidas en la presente obra pero que la falta de recursos le ha hecho apostar por ella lo cierto es que el diálogo que mantiene la pareja y el sublime desenlace en correspondencia a una ancestral franquicia perteneciente a la ciencia ficción de la historia bien merecen muchos elogios), las maravillas de la refrigeración moderna contadas por parte de un cubito de hielo a un hombre que apenas le presta atención al estar sumido en preocupaciones más serias en Chilly de Dylan Kohler (el gracioso inicio da paso a una superflua crueldad), una buda un tanto distante a los deseos de la mujer que está a punto de contraer matrimonio en Till death do us part de Julián Lara (todo lo expuesto sin excepción parece haber sido reciclado de metrajes de semejante índole y comprimido sin mesura sin llegar a saciar lo que debiera), la misteriosa aparición de un amenazador cubo de rubik en mitad de una autopista en Rubik’s cube terror de Sander Maran (tras objetos varios asesinos incluyendo hace apenas dos años neumáticos se presume una predisposición positiva pero la irrespetuosa frivolización que cobra la violación la convierten parcialmente detestable), cuan irracional puede ser la postura paterna en aras de asegurar la protección de sus hijos respecto a posibles relaciones sentimentales en Con la comida no se juega de Daniel Caneiro (como bien ha reconocido el responsable el enfoque familiar prima por encima del resto de componentes pero no es menos cierto que el grotesco final es tan macabro como magnífico), los percales que conlleva tener que deshacerse de un cuerpo en O membro decaido de Lucas Sá (la imagen es absorbente pero las motivaciones que ofrece escasas), la problemática de sufrir un desdoblamiento de la personalidad en El otro de Jorge Dorado (a pesar de mantener expectante no logra cautivar al no determinarse la finalidad residente en las propias capturas que realiza el protagonista de uno mismo más allá de simbolizar la inseguridad que el ser humano alberga en relación a sus actitudes más pasionales) y las complicaciones que pueden surgir a raíz de una avería de coche al toparse con las personas equivocadas en el lugar inoportuno en el peor momento posible en Mr.Bear de Andrés Rosende (la metamorfosis que sufre el típico hombre controlado por su mujer al verse envuelto en una situación extrema que le sirve para darse cuenta de la valía que contrae se fragua con tanta delicadeza que difícilmente no agrade), suponiendo el cierre a la jornada un videoclip musical de la compañía dedicada a las películas españolas de monstruos desde mil novecientos noventa y siete Chaparra Entertainment (como hiciera la pasada edición la propia organización del certamen se encargará de poner el punto final diario con una minimalista aunque suficientemente correcta puesta en escena).



Daniel Espinosa

 
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