Compliance 23-06-2017 15:33 (UTC)
   
 

Compliance
(Craig Zobel, 2012)


Compliance




Ficha técnica


Título original:
Compliance
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
89 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Craig Zobel
Guión:
Craig Zobel
Reparto:
Ann Dowd, Dreama Walker, Pat Healy, Bill Camp, Philip Ettinger, James McCaffrey, Ashlie Atkinson, Matt Servitto, Ralph Rodriguez, Desmin Borges, Raymond McAnally y Michael Abbott


Sinopsis


Becky y Sandra son dos mujeres cuyas vidas se cruzan cuando comienzan a trabajar juntas en el mismo restaurante; un día, un pequeño incidente sobre el robo de una cartera señala a Becky como la principal sospechosa del robo y, el arresto de la joven empleada, traerá consigo una serie de conflictos para ambas donde la injusticia estará presente.



Crítica


Craig Zobel
dirige Compliance, uno de tantos filmes etiquetado como polémico que, más allá de honrar la relevación corroborada de basarse en uno de los más de setenta incidentes similares reportados anualmente en una treintena de estados estadounidenses, no resulta lo suficientemente contundente que debiera (ni visual ni situacionalmente), pues aun cobrando un aspecto mucho más realista de lo que pudiera haber presentado en caso de optar por una matización más espectacular la película mantiene en todo momento un estado verosímil tan agradecible (salvo en los compases finales, en los que cobra tintes absolutamente irracionales) como aborrecible; lo que resulta indiscutible de la propuesta es la espectacular perversidad de la que hace gala, una ácida crítica (directa y prolongada, abarcando absolutamente toda la duración de la trama) hacia la sociedad actual que de buen seguro no dejará indiferente a nadie, asemejándose al clásico metraje vengativo de los años ochenta, logrando que el espectador se sienta (aunque no lo pretenda) cómplice activo de la manipulación e inhumanidad que se muestran en pantalla y residiendo la falla más mortificante en el pausado (aunque intenso) ritmo que éste adopta desde el inicio, el cual se mantiene hasta el desenlace.
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Rebecca (Dreama Walker, lujuriosamente impecable) es una joven de diecinueve años que presta su dedicación laboral en Chick Wick, una cadena de comida rápida cuya evaluación de calidad de alimentos y servicio tiene lugar durante la noche en la que transcurre la historia (motivo relevante, pues justifica la estresante sobrecarga de trabajo que se da en un lugar ya de por sí exigente); controlada estrictamente por su amargada y desconfiada supervisora Sandra (Ann Dowd, poco apreciable, adecuándose al odioso papel que la ha sido atribuido), únicamente encuentra divertidas distracciones profesionales en Kevin (Philip Ettinger, poco presencial pero correcto), compañero con el que comparte edad y consumación de fechorías en sus rutinarios quehaceres.

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En pleno horario de máximo aforo Sandra recibe la llamada del oficial Daniels (Pat Healy, pletórico, desvinculándose por completo de su anterior interpretación en The Innkeepers, igualmente destacable), supuesto miembro del departamento de policía que asegura estar en posesión de suficiente información como para poder afirmar que una de sus empleadas ha robado dinero de la cartera de una clienta; la acusada en cuestión es Sandra, quien ve como su encargada, obedeciendo al extraño que asegura representar a la autoridad del estado para teóricamente evitar que se opte por la apertura de un proceso penal, la obliga a entregarla su móvil y permanecer retenida en la oficina del establecimiento (desnuda tras ser inspeccionada en la que se podría considerar la escena más angustiosa de la producción junto con la última) hasta que lleguen los miembros para registrarla m
ás profesionalmente.
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A medida que avanzan los minutos las coacciones y humillaciones irán cobrando dimensiones terroríficas, mientras el impostor permanece en contacto con el local mediante el uso de tarjetas prepago que imposibilitan su posterior localización realizando entretanto sus quehaceres diarios en la tranquilidad de su morada (una diversión doméstica tan macabra como cómoda de realizar) cosechando información acerca de cada uno de los implicados en el percal al tiempo que les propone preguntas tan manipulantes como personales; posiblemente para evitar contraer problemas legales, Sandra, Kevin, el futuro marido de Sandra (Bill Camp, complicada aunque lograda resulta su labor) y el habitual transportista de alimentos del restaurante (Stephen Payne, incalificable al no aparecer apenas en pantalla) se convierten cronológicamente en inusuales cooperadores, confiando en la palabra de un desconocido sin comprobar su identidad real (es decir, aceptando la sumisión policial descartando hacer uso del oportuno raciocinio) y siguiendo ciegamente las instrucciones que les va remitiendo (algunas de ellas cercanas a la tortura más cruel, poco creíbles y muy privativas).

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De incómodo visionado, moralmente vejatoria y psicológicamente dura, Compliance se convierte tempranamente en una angustiosa experiencia que encuentra su principal valor en la naturalidad con la que los acontecimientos van aconteciendo, asombrando y al mismo tiempo estremeciendo, pues la supuesta ficción recogida parece no distar demasiado de la realidad en la que se basa; a pesar de la inexplicable esclavitud autoritaria que muestra la antagonista de la historia (que no es otra que la encargada de la protagonista, aunque actúa bajo las órdenes del desconocido autor de la llamada alteradora), los procedimientos llevados a cabo para averiguar si la culpada empleada realmente esconde el dinero que se le supone ha hurtado no se manifiestan excesivamente inaceptables aunque sí tremendamente evitables (búsquedas en cavidades, crueles castigos, favores sexuales...), ante los cuales prevalece la importancia del deber a la autoridad en virtud de la solidaridad, hecho que posiblemente sucediera en las situaciones narradas pero con limitaciones considerablemente más rigurosas, motivo por el cual se dilapidan parcialmente los resultados (precipitados y conservadores) de una cinta de la que, en cualquier caso, se esperaba más (probablemente por el enorme interés suscitado desde su primeriza concepción y la promesa de una visceralidad lejanamente atisbada).



Daniel Espinosa




 
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