Cheap thrills 27-07-2017 16:54 (UTC)
   
 

Cheap thrills
(E.L.Katz, 2013)


Cheap thrills




Ficha técnica


Título original:
Cheap thrills
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
85 min.
Género:
Comedia, Suspense
Director:
E.L.Katz
Guión:
David Chirchirillo y Trent Haaga
Reparto:
Pat Healy, Ethan Embry, Sara Paxton y David Koechner


Sinopsis


Craig, un padre de familia en plena crisis económica, ahoga sus penas en un bar cuando; una pareja le propone recibir cierta cantidad de dinero si va cumpliendo una serie de acciones, y apenas duda en aceptar...



Crítica


Aunque la comedia negra no es, por desgracia, uno de esos géneros prolíficos (e incluso se podría decir que es realmente complicado encontrar títulos que merezcan la pena), Cheap thrills es sin duda alguna uno de ellos, pudiéndose prever que así sería a juzgar por cómo salió reforzada de su paso por el South by Southwest 2013 celebrado en Austin donde, además de llevarse el Premio del público, obtuvo reseñas verdaderamente halagüeñas (en el certamen de Boston tampoco se fue de vacío, pues se alzó con el Premio al Mejor Director), fundamentando la intríngulis en el inconformismo irracional (en este caso en su vertiente económica) y el temor de un futuro incierto; E.L.Katz, uno de los nombres confirmados para participar en la esperada The abc’s of Death 2 el año próximo, es el responsable de tal éxito al firmar un debut que venía precedido por su faceta como guionista al participar en cintas como Autopsy y The little one (en efecto, títulos fuertemente desconocidos pero presentes en su currículum junto con otros siete en los que ha ejercido en idéntica labor), habiendo traspasado para la ocasión la labor escritural a David Chirchirillo y Trent Haaga, dupla experta en la serie zeta más pura que dan lo mejor de sí para complementar los demás apartados, todos ellos cuanto menos notables y en algunos casos (como por ejemplo el de la fotografía) excelentes, resultando desechables solamente algunos planteamientos presumiblemente filosóficos y existenciales que no traspasan los límites de la absurda demagogia.

Cheap thrills  Cheap thrills
Craig (Pat Healy, sencillamente soberbio), un padre de familia reducida (mujer e hijo en común) azotado por la crisis general que recientemente ha recibido el último aviso de desalojo por parte de las autoridades, acude al taller mecánico en el que presta sus servicios habitualmente con la esperanza de poder disfrutar de un aumento salarial que le permita a su familia afrontar la citada notificación a fin de no verse implicados en acciones legales pero, lejos de ello, su encargado le comunica que está despedido, por lo que decide acudir al bar que de tanto en cuando frecuenta para ahogar sus penas en alcohol y, una vez allí, se reencuentra con Vince (Ethan Embry, muy natural en su desinhibición permanente), un viejo compañero de secundaria que actualmente ejerce de cobrador de morosos con el que conversa durante un buen rato hasta que un desconocido y la pareja de éste les proponen participar en una especie de juego aparentemente inofensivo; él responde al nombre de Colin (David Koechner, el curioso rostro que posee le beneficia sobremanera en su labor) y ella al de Violet  (Sara Paxton, irresistible como nunca e impecable como siempre en su encarnaci
ón de peligrosa musa al servicio del materialismo), y forman un dúo amoroso mantenedor de una relación abierta (el detalle cobrará importancia en una escena concreta) en plena celebración del aniversario de la última de lo más excéntrico como bien demuestra su gusto por las apuestas (por acertar si un anciano mirará los pechos o el trasero de la camarera es la primera que plantean) y el repentino deseo de que los dos extraños (tanto para ellos como entre sí debido al paso del tiempo) se sometan a determinadas acciones a cambio de una cierta cantidad, pagada en el acto, a convenir.
Cheap thrills  Cheap thrills
La noche se hará muy larga, y es que al poco de iniciar la remunerada actividad la pareja invita a los antiguos amigos de enseñanza obligatoria a su imperiosa morada para seguir con la particular fiesta de la que han formado parte voluntariamente, aclarándose tempranamente que se están relacionando con unos descerebrados (que guarden toda su fortuna en el interior de una caja fuerte sin que ésta esté cerrada con una combinación numérica ejemplifica su demencia) cuyo único objetivo es brindarles la oportunidad de lograr dos cientos cincuenta mil dólares libres de impuestos si aceptan seguir cumpliendo la serie de desafíos que les irán planteando (cincuenta por terminarse un chupito de tequila, dos cientos por hacer enfadar a una chica para que les abofetee, trescientos por orinarse en los pies del contrincante, quinientos por golpear a un musculoso guardia de seguridad, mil doscientos por defecar en la casa del vecino, cuatro mil quinientos por cometer un adulterio, quince mil por cortarse el dedo meñique de la mano, cincuenta mil por comerse a un perro
y, el desfase absoluto, la totalidad del botín por cometer un delito penado con la sentencia de muerte en algunos estados); ante la imperiosa necesidad de abonar los cuatro mil quinientos dólares de la deuda contraída por parte de uno y la motivación del poderoso caballero de otro, los excéntricos anfitriones tornan las pruebas (a cada cual más demente y cada vez con un componente de dolor mayor, lo cual ensalza el contundente e inmenso poderío del maquillaje empleado) en una competición insana en el que quedará en entredicho el sentido de la palabra amistad y el delirio absoluto hará acto de presencia, mas cuando la ilegalidad se combine con la rivalidad y el incordio ajeno se traduzca en éxito el resultado no deparará bondad...
Cheap thrills  Cheap thrills
Podrá gustar más o menos pero resulta indiscutible que la sociedad actual se caracteriza por ser sumamente capitalista, imperando la economía de mercado y teniendo un precio sino preestablecido a acordar (el dinero es, como bien se plasma aquí, capaz de comprar incluso los valores de cualquiera) y esto, por desgracia, también incluye a las personas, siendo el más inmediato ejemplo de ello la proliferación de programas que han visto durante la última década en los que todo parece ser válido para conseguir cinco minutos de gloria (esto se menciona en el cinta explícita y oportunamente a modo de extendida justificación); recuerda ésta película en ciertos aspectos a la majestuosa Funny games (no sólo por la tipografía seleccionada para anunciar el título en la que supone la antesala de los créditos finales sino especialmente en cuanto a la motivación última de la violencia, estrictamente gratuita)
, si bien en la presente las motivaciones de los personajes dista en cuantía de las de aquella y, sobre todo, la ambigüedad moral del desenlace (en la pieza de Michael Haneke quedaba claro el mensaje), preguntándose el espectador si, en el fondo, justificaría esas decisiones, y todo ello con un ritmo narrativo adecuado y escenas muy cercanas al gore (la escasa necesidad de incidir en ellas es admirable), por lo que en su realmente grandioso conjunto poco más se puede pedir (reminiscencias a los orígenes de Quentin Tarantino, tanto en sarcasmos varios como en la formidable banda sonora, se sucedem), en todo caso al contrario.
Cheap thrills  Cheap thrills
Cheap thrills
es una comedia negra como el carbón que plantea las posibles y degradantes consecuencias de una situación tan de actualidad como es la crisis económica ofreciendo una alternativa jornal muy peculiar aunque parcialmente asumible (la descontrolada crueldad que acepta el protagonista no se antoja aceptable pero la alternativa de venderse al mejor postor por cierta cantidad dineraria a cambio de sufrir determinadas fechorías bien podría traducirse en realidad en casos desesperados como los que sin duda muchas familias están sufriendo), una irreverente burla social que, sin embargo, está planteada desde una perspectiva tan extrema que se zafa de los reproches que podría recibir por parte de aquel sector más conservador y defensor de la dignidad humana; así, exagerada y contundente, la obra de la estrella de Pop skull y Home sick (sí, polifacético es el realizador de apenas treinta y dos años de edad) de disfruta a lo grande, percibiéndose el divertimento que se propone despertar desde el primer instante gracias a un equipo actoral ideal y una importante decisión, la incondicional defensa de la creatividad como eje primordial sobre el cual pivotan situaciones varias, la mayoría de ellas con fuerte contenido fácilmente censurable, tratándose de una de las propuestas más atrevidas (y cabría añadir imprescindibles) de todos los tiempos no apta para todos los públicos ateniendo a que el desarrollo de la historia está infestado de escatología y salvajismo, removiendo estómago y conciencia, en definitiva, E.L.Katz se ha lucido.


Daniel Espinosa




 
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