Chained 19-11-2017 08:49 (UTC)
   
 

Chained
(Jennifer Lynch, 2012)


Chained




Ficha técnica


Título original:
Chained
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
94 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Jennifer Lynch
Guión:
Jennifer Lynch y Damian O'Donnell
Reparto:
Vincent D’Onofrio, Eamon Farren, Evan Bird, Julia Ormond, Conor Leslie, Jake Weber, Gina Philips, Lyndon Bray y Kate Herriot


Sinopsis


Un peligroso secuestrador acecha las calles de un pequeño barrio de clase media en el que reside Tim, un niño de nueve años cuya vida cambia radicalmente cuando una tarde él y su madre son secuestrados por Bob; años más tarde, su vida se ha convertido en una auténtica pesadilla de la que solamente podrá escapar tomando una decisión.



Crítica


No sabiendo (o tal vez no pudiendo) divergir el realismo de la crudeza inclemente, Jennifer Lynch sigue insistiendo en el género de terror para evocar en el mismo su particular visión enfermiza del Síndrome de Estocolmo, el cual queda desdibujado entre opresivos ambientes y deslices dramáticos de tanta irrelevancia como adecuación en una falsa moralidad (compaginar la defensiva delictiva con la agilidad mental, la primera claramente presente en prácticamente la totalidad de los actos que se muestran en pantalla y la segunda encontrando su mejor ejemplificación en el tan macabro como imaginativo juego de memoria consistente en recordar los datos que aparecen en los numerosos documentos de identidad que el habitual secuestrador tiene confiscados); la directora, distanciándose del genuino sentir cinéfilo de su reputado padre (David Lynch), ha asumido la herencia familiar que ineludiblemente conlleva dicho apellido como un sello distintivo venido del exterior, mientras de sus convulsos interiores narrativos florecen cadencias de similar inquietud y mayor desolación, un pecaminoso posicionamiento que hasta la fecha ha mantenido con rigor (y desasosiego) sin mediación alguna asumiendo una precaria evolución narrativa en sus filmes que de buen seguro podría pulirse hasta terminar convirtiéndose en sofisticada prosa cinematográfica a juzgar por las exquisitas premisas de las que parte posteriormente desperdiciadas.

Chained  Chained
Un peligroso secuestrador conocido como Bob (Vincent D’Onofrio, quien halla y gana en su metódica interpretación enteros para convertirse en un actor de mediano reconocimiento) acecha las calles de un pequeño barrio de clase media en el que reside Tim (un servicial y cumplidor Evan Bird en edades tempranas y un algo menos convincente Eamon Farren en adultas, impoluto), un niño de ocho años cuya vida sufre un cambio radical cuando una tarde él y su madre se convierten en objetivos del peligroso conductor de taxi (la palabra “comodidad” dibujada en el flanco izquierdo de la parte trasera del mismo es una carta de presentación en toda regla) que, aprovechándose de la difundida idea de que es más seguro desplazarse en transporte privado (si así se puede considerar tal vehículo) que en público (como sería el autobús o el metro), rapta a su antojo a sus presas (curiosamente compagina su cruel afición con los servicios puramente serios, lo cual dota al personaje de más credibilidad si cabe); a partir de ese preciso momento la vida del joven de apenas nueve años (renombrado Conejo por parte de su adiestrador, pues éste sería el mejor término para definir la relación que mantienen ambos) se convertirá en una auténtica pesadilla presenciando el brutales asesinatos en la casa del temible piloto convirtiéndose así en su protegido, una especie de discípulo cuyo único cometido es el de servirle en todo lo que le ordene, pues de lo contrario recibirá una paliza (de hecho es la solución a cuanto considere en contra de sus intereses), incentivándolo de
detestables formas diversas no siendo una opción la sublevación.
Chained  Chained
Contrayendo la responsabilidad que supone la decisión que tomó de pequeño de aceptar (sin alternativas posibles) llevar a cabo toda orden emitida por su raptor en aras de no hallar la muerte, se convertirá en cómplice habitual del cruel criminal, al que respeta y teme por igual hasta que alcanza la adolescencia, momento en el cual se cruzará con Marie (Gina Philips, insuficientemente compareciente pero eficaz), la última víctima de Bob que propiciará la valoración de otro modo del sentido de la tortura al pasar de ser mero observador a ejecutor; será entonces cuando comience a barajar la opción de traicionar a su mentor y salvar a recién llegada, pero las delatadoras grabaciones que registran todo cuanto hace (y por ende también lo que deja de hacer) darán como resultado una venganza que para aquellos que sostienen que se sirve fría se podría de hacer que se presenta congelada, destapando en último término una traición familiar relacionada con el negocio de los especialistas en hacer desaparecer a quien se desee a cambio de una determinada suma dineraria que, ya sea dicho de paso, no se antoja oportuna a tenor se lo presentado durante los veintiocho minutos anteriores (tan inesperada resolución abarca apenas siete, por lo que amén de improcedente se puede considerar precipitada, pues echa por tierra gran parte de la suma locuacidad alcanzada hasta el momento).

Chained  Chained
Chained
(cuya traducción sería “encadenado”, certero título desde la vertiente artística pero no desde la significativa al limitarse a representar un objeto de escaso poder persuasivo), inspirada en el libreto ajeno escrito por Damian O’Donnell (un importante ejecutivo del mundo del deporte cuya gran afición es la de escribir guiones), se basa en uno de los cientos de casos de mártires secuestrados durante años que nutren las parrillas sensacionalistas cada cierto tiempo, plasmándose la controvertida historia de forma eficaz aunque tosca y tradicional (tampoco se atisba intención alguna de disimularlo), y es que no hay hábito morboso en la incómoda trama que se presenta si bien la ferocidad de la adultez, la devastación de la infancia y la imposibilidad de reconciliación entre ambas puede disuadir a más de un espíritu vulnerable e impactar a otros tantos ineptos, desconocedores de propuestas de semejante temática pero indiscutiblemente mayor calidad; calculador, deleznable, estricto, frío, impredecible, meticuloso, obsceno, perverso, reprimido, repulsivo, sádico y severo son solamente una docena de tantos adjetivos que se aplican a la encarnación de un pletórico Vincent D’Onofrio que, a pesar de ello, consigue conectar con el espectador (en especial por el pasado que padeció, desvelado mediante contundentes sueños que reproducen recuerdos) al fundamentar su actitud en una adaptación social enfocada a aprender cosas que de veras sean provechosas (la ignorancia no forma parte de su estilo de vida) porque, según afirma el mismo, sin educación uno no puede ser más que un lastre, y es precisamente por ello que está empeñado en no perder la esperanza de brindar la libertad (ligada a nuevos propósitos como el valerse de sus conocimientos de anatomía adquiridos para ensañarse todavía más excusándose en que es preciso para transmitir conceptos) al chico aunque ello requiera maltratarlo física y psicológicamente llegando a manipular sus frágiles convicciones y desestructurados pensamientos.
Chained  Chained
El último proyecto dirigido por la actriz, guionista y directora (suponiendo éste su cuarto largometraje) se podría resumir en la célebre expresión que versa sobre hacer de una afición una pasión, ya que en el intenso thriller que presenta el fundamento conseguido hasta los últimos minutos de película se desmonta por un viraje insustancial que busca asombros sobrantes en algo que parecía haber hablado de asuntos más sutiles, lo cual se acerca sospechosamente a una broma falaz tras haber presenciado cómo un psicópata cargado de traumas sexuales adopta al hijo de una de sus víctimas para entrenarlo como su particular esclavo y, más tarde, como primogénito de su linaje de perversiones; investigando como ser humano al protagonista (y a la vez antagonista) del metraje, sin perdonarlo ni excusarlo, el interés predominante de la función (las secuelas psicológicas que el secuestro acarrea en el pequeño aprendiz) permanece escondido hasta ese delirante desenlace de la trama y, aunque su conquista ambiental es brillante, las tensiones y la crudeza sobreexpuestas quedaban mejor fabricadas en su anterior trabajo (la explícita y cruenta Surveillance), evidente precedente del mundo oscuro del que el disciplinado heredero de fechorías nunca podrá salir (los créditos finales esconden una sorpresa destacable al respecto que nadie debería perderse), denotando cierta inexperiencia a pesar de la dilatada carrera tras las cámaras que Jennifer Lynch evidentemente posee.



Daniel Espinosa




 
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