Café de flore 29-06-2017 00:29 (UTC)
   
 

Café de flore
(Jean-Marc Vallée, 2012)


Café de Flore




Ficha técnica


Título original:
Café de flore
Año:
2012
Nacionalidad:
Francia, Canadá
Duración:
129 min.
Género:
Drama, Romance
Director:
Jean-Marc Vallée
Guión:
Jean-Marc Vallée
Reparto:
Vanessa Paradis, Kevin Parent, Hélène Florent, Evelyne Brochu, Marin Gerrier, Alice Dubois, Evelyne de la Chenelière, Michel Dumont, Linda Smith, Joanny Corbeil-Picher, Rosalie Fortier, Michel Laperrière, Caroline Bal, Nicolas Marié, Pascal Elso y Jérome Kircher


Sinopsis


Dos destinos paralelos, el de Jacqueline (madre de un niño en los años sesenta en París) y el de Antoine (un músico de éxito recién divorciado en el Montreal actual), se unen a través del amor para desvelar la realidad que se esconde tras la lucha y el drama que ambos padecen.



Crítica


Las buenas costumbres (muchas fuera del alcance de la voluntad humana) no deberían perderse ni modificarse nunca, y a juzgar por la envidiable trayectoria que hasta el momento ha firmado el director canadiense Jean-Marc Vallée, tal expresión resulta lógica de rogar respecto a futuras obras; debutando con el llamativo thriller erótico nominado a once premios Génie Liste Noire, la obvia insignia (por méritos propios) es la contundente C.R.A.Z.Y., pues se convirtió en un auténtico fenómeno internacional estrenándose en más de cincuenta países y recibiendo numerosos premios (entre ellos destacan el prestigioso Premio a la Mejor Película Canadiense en el Festival de Cine de Toronto, once premios Génie, quince Jutra y la Bobina de Oro a la Película Más Taquillera de Canadá), aunque si tal propuesta no lo alzó como modelo direccional, sí terminó de hacerlo La reina Victoria, su última película que, producida por el siempre atrayente Martin Scorsese, se alzó con el Oscar al Mejor Vestuario y fue nominada a Mejor Dirección Artística y Mejor Maquillaje, es decir, un total de 39 reconocimientos repartidos en tres inolvidables producciones a los se deberán sumar los que genere Café de flore, pues dirigiendo, escribiendo, coproduciendo y formando parte activa del montaje (incluso hace acto de presencia interpretando fugazmente a uno de los vecinos del coprotagonista de la trama) ha logrado superarse a sí mismo mereciendo el calificativo de maestro e implicándose extraordinariamente en el que posiblemente sea su título más personal y referencial, en cualquier caso distintivo.

Café de Flore   Café de Flore
Es cierto que el público puede padecer cierta dificultad para conectar con el filme, pues el tema es tan profundo como enrevesado, pero una vez se consigue penetrar en la vibrante y misteriosa atmósfera que destila cada una de las escenas el gozo está asegurado, consumándose una estremecedora sensación de soledad y al mismo tiempo plenitud (de hecho la intríngulis reside en infundir cierta esperanza ante la siempre complicada temática amorosa, aunque puede que algún que otro espectador reciba tal delicioso mensaje como una directa forma de corroborar su sentido vacío existencial) ante cada nuevo acontecimiento, magnificándose todos y cada uno de los detalles que van plasmándose hasta componer el vivo retrato del ser humano, egoísta a la par que débil.
Café de Flore   Café de Flore
Protagonizada por la actriz, modelo y cantante francesa Vanessa Paradis y el músico canadiense Kevin Parent, la producción se traduce en un sutil y meticuloso canto a la libertad de sentimientos, a la tediosa tarea de tener (otra opción no tiene cabida) que olvidar a un ser querido y al indiscutible don que poseen las personas con mayores deficiencias para transmitir todo sin apenas decir ni hacer nada (respecto a éste hecho, cabe añadir que el director recurre más a la musicalidad que al diálogo, sorprendente acierto con el que aborda cada una de las aparentemente inalcanzables metas que se autoimponen las diferentes relaciones que van teniendo lugar en la historia, distantes y al mismo tiempo cercanas) en medio de un triple triángulo amoroso (como es menester, infantil, adolescente y adulto respectiva y secuencialmente).
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Antoine (Kevin Parent, magistral en su interpretación) es un disc jockey moderno de poco más de treinta años que tiene todo lo que hubiera soñado, teniendo un gran éxito profesional, el enamoramiento total de su comprensiva mujer Rose (Evelyne Brochu, convincente pero algo inapropiada) y dos hijas que irradian salud y felicidad procedentes de su antiguo matrimonio con Carole (Hélène Florent, estremecedora como los percales a los que su personaje se ve obligado a sobreponerse), ex mujer que significó el primer amor de Antoine y la cual, a través del constante intento de comprensión espiritual, tratará de deshacerse de un pasado sin resolver para conseguir olvidarse de su en antaño esposo, del que aún no ha podido desprenderse interiormente y ansía recuperarlo a sabiendas que se trata de una quimera; Carole atraviesa un mal momento emocional debido a las alucinaciones con una mujer, Jaqueline (Vanessa Paradis, tan poco agraciada como creíble), que lucha como puede para afrontar sola la enfermedad de su hijo Laurent (Marin Gerrier, poco menos que sobresaliente) y la convicción de éste de haber encontrado a su alma gemela en Verónique (Alice Dubois, formidable en su difícil labor), una compañera de escuela, luchando por ser feliz a pesar de los pocos recursos que posee aferrándose a su primogénito.
Café de Flore   Café de Flore
Café de flore celebra la vida y el amor a través de la música al ritmo de la misma, adoptando un paso rápido, inspirador y entusiasta a pesar de la seriedad del tema central y es que un coro griego, una banda sonora ecléctica que va desde el rock and roll a la música electrónica, pasando por canciones folk y otros clásicos franceses, sirven para reflejar los estados emocionales de los personajes, conectando los puntos que les relacionan para el espectador mediante la excesiva pero placentera repetición de temas musicales; “Speak to Me” y “Breathe” de Pink Floyd, “Pictures of you” de The Cure, “Fljotavik” de Sigur Ros o la omnipresente “Café de Flore” de Matthew Herbert son algunos de los imprescindibles (así como completamente adecuados) temas musicales que aparecen en la película, canciones que irán narrando dos historias paralelas que resultan estar totalmente unidas a través de una ingeniosa e impactante metáfora, la cual lucirá en segundo plano durante todo el metraje a pesar de presentarse como tal en los compases finales (agradable y emotiva sorpresa la que supone); alegría y frustración, felicidad y tristeza... un sinfín de antónimos vocablos comparten significado al formar parte de un abanico de emociones tan amplio como el abrumador talento que Jean-Marc Vallée vuelve a demostrar, por suerte, una vez más.


Daniel Espinosa




 
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