Big bad wolves 23-09-2017 09:12 (UTC)
   
 

Big bad wolves
(Aharon Keshales y Navot Papushado, 2013)


Big bad wolves




Ficha técnica


Título original:
Big bad wolves
Año:
2013
Nacionalidad:
Israel
Duración:
110 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Aharon Keshales y Navot Papushado
Guión:
Aharon Keshales y Navot Papushado
Reparto:
Lior Ashkenazi, Tzachi Grad, Rotem Keinan y Dov Glickman


Sinopsis


Una serie de brutales asesinatos ponen en rumbo de colisión la vida de tres hombres; el padre de la última víctima sediento de venganza, un detective justiciero y el principal sospechoso de los homicidios.



Crítica


Muchas voces han señalado (y proclamado a los cuatro vientos de manera un tanto arriesgada, que no exagerada) Big bad wolves como una de las más destacables películas del año sin pararse a pensar las enormes repercusiones preconceptivas que ello genera, pues aun tratándose de la flamante ganadora de múltiples galardones en diversos festivales (entre ellos el Premio a la Mejor Película en la Sección Oficial del Fantasia International Film Festival 2013) dicha afirmación tiende, generalmente, a malcriar al espectador aumentándole esas odiosas expectativas que ya de por sí pudiera fabricarse sin tan siquiera percatarse (puede que esto sea lo más denunciable, pues una intención lucrativa estaría al menos justificada), culminando casi siempre en una incitación a recriminaciones al haber gustos y decepciones de toda clase; uno de los inconscientes osados ha sido ni más ni menos que Quentin Tarantino, quien no dudó en señalarla como la mejor de la temporada, afirmación que no inspiraba demasiada confianza al provenir de alguien que añadió un undécimo lugar a su lista de las mejores producciones de dos mil doce para incluir Los tres mosqueteros aunque, a pesar de que el éxito del largometraje no siempre estará garantizado al ser evidente que lo que propone no dista demasiado de todas aquellas propuestas sobre venganzas y pedofilia vistas en ocasiones anteriores (7 days, Asesinato en 8 mm y Snowtown, por citar algunas), pero la manera en la que la dupla direccional responsable de la notable Rabies tres años atrás se desenvuelve tras las cámaras con una historia que recuerda la insolvencia de las leyes sociales.

Big bad wolves  Big bad wolves
Es inevitable no tener dudas y sentirse desubicado cuando las esperanzas que se arrastran a la hora de ver una cinta miden lo mismo que un rascacielos, no resultando propicio negar que hay varios momentos en lo que se mira a la pantalla con mediana decepción al no encontrar originalidad alguna, pero todo aquel que sepa interpretar como es debido la donosura del juego con celeridad pasada la primera media hora de pertinente historia comprobará cómo la oportunidad de recostarse sonriente en su asiento al tiempo que el descubierto giro copernicano se instaura en su hasta entonces errática percepción lo colma hasta límites creídos inalcanzables; ésa es la principal razón por la cual la producción encandila y a la vez se antoja prematuramente tediosa, y es que la excelencia que alcanzan Aharon Keshales y Navot Papushado en su obra espera con demasiada latencia al respetable bajo un ritmo algo vago (el adjetivo no debe confundirse con el de lento al no significar en absoluto lo mismo) que precisa prácticamente la mitad de su duración para facilitar captar cuál es la trama que está siguiendo, y es entonces cuando uno empieza a ser consciente de la volátil bomba de relojería que encuentra deslizándose entre las palmas de las manos, pudiéndose sucintar esto con el hecho de que el filme se mueva sigilosamente (quizá demasiado, pues de la parsimonia depende la parcialidad de todo su acogida positiva siendo su contrapunto crucial) aun incidiendo cruelmente (en la vertiente más positiva del término) sobre la sensibilidad cuando se suceden los compases menos puritanos y más reseñables sin escatimar lo más mínimo en derramamiento de sangre.

Big bad wolves  Big bad wolves
Para la ocasión, resulta conveniente no realizar un resumen clásico sino atípico, repleto de explicativa poética y, así, se podría decir que el largometraje es el tremendamente perturbador híbrido resultante de dos de los cuentos infantiles más populares, “Hansel y Gretel” y “Caperucita roja”, el primero por el modo de proceder del temible antagonista (se resume en empatizar con los niños a base de gominolas para que acepten gustosamente la ingesta de una porción de pastel cuyo ingrediente secreto es una generosa cantidad de somníferos gracias a los cuales podrá raptarlos sin oposición alguna para profanar todos sus orificios sin obviar ninguno y, una vez recuperen la conciencia para disfrutar al máximo con el terrible sufrimiento que les tiene deparado, romperles los dedos, arrancarles las uñas y decapitarlos, enterrando la cabeza en un lugar que solamente él conoce a modo de trofeo) y el segundo en la comparecencia de personajes al haber tantas jóvenes de capa roja como críos y no uno sino tres lobos, no apareciendo en escena el leñador para salvar a las sufridoras víctimas; la combinación de todos estos elementos, propios de una fábula sumamente horripilante, funciona inmaculadamente conformando un producto profundamente reflexivo no a partir de un aborrecible guión presuntuosamente filosófico sino merced a una sátira de diálogos perfectamente entrecruzados con la dosis exacta de brutalidad (cuando parece que lo ideal va tornarse excesivo un recurso suavizador, mayormente burlesco, acontece) yendo de la mano la tensión y la violencia para atrapar irremediablemente a cualquier espectador.

Big bad wolves  Big bad wolves
La parte (cuasi nimia) negativa de la película que se comentaba en el segundo párrafo es la única que puede observarse, pues no hay más contrapuntos, el resto de apartados en ella se antoja absolutamente perfecto (sensacional reparto, sólido guión, hipnótica fotografía, apoteósica banda sonora..., especialmente ésta última al contribuir enormemente en el impacto recreado entre un exquisito humor más negro que el carbón), no falla nada, todo está donde debe estar e introducido en el instante justo para lograr su cometido, siendo por un lado dulce, jocosa y adictiva buscando sacar macabras explosiones gustativas que siempre culminan en una amplia y satisfecha sonrisa y por otro desgarradora, malvada y mordaz, y es que lo es todo, una comedia, un thriller vengativo, un drama parental y, en esencia, una brillante cinta de dificultosa superación; la propuesta sigue (ya sea por culpa de o gracias a su fiel estética) la estela del ya citado Quentin Tarantino leve y redundantemente al presentar la historia satírica, intrépida e inteligentemente, no pudiéndose ni mucho menos designarla con el eufemismo de feliz pero, al igual que ocurre con el cine del prestigioso autor de origen estadounidense, los responsables consiguen provocar carcajadas no mediante un humor convencional o paródico sino a través de uno macabro, de aquel que encuentra chistosa la tragedia del prójimo porque detesta a sus propios personajes, ridiculizándolos sin olvidarse de que se trata de un trabajo englobado dentro del género de terror.

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El ardid de toda la intríngulis que sin prisa pero sin detenimiento va desglosándose a lo largo del metraje no es otro que el de hacer reflexionar acerca de las respetadas (no por comprenderse sino por imponerse) normas sociales cuando en el fondo cualquiera puede ser (y de hecho es habitualmente sin percatarse) afectado por éstas, pues la magia perceptible de la falsa y deseada libertad al sino de la sociedad se plasma a la perfección con correlaciones del surcoreano Bong Joon-ho y algunos de sus más majestuosos filmes como Memories of a murder y Mother, asemejándose el presente por el sentido lánguido y satírico pero a su vez mordaz y trágico en el que se sustenta; se trata de una gran obra maestra insidiosamente jocosa que hará las delicias de los amantes del cine oscuro y también la peor pesadilla visual de cualquier padre al contarse la misma trama de siempre de un modo sorprendente, divirtiendo e indignando a partes iguales mientras se torna progresivamente adictiva, transcurriendo los algo más de cien minutos que abarca cual fugaz pestañeo a excepción del más pausado inicio, lo cual que también la convierte en una cinta absorbente y embriagadora, un visionado obligatorio que no merece sino alabanzas y absolutamente todos y cada uno de los premios que ha obtenido hasta la fecha y los que les depare el futuro (de buen seguro muchos) porque Big bad wolves es, por todo lo expuesto y en resumen, la excelencia hecha película.



Daniel Espinosa




 
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