Anna Karenina 22-06-2017 16:34 (UTC)
   
 

Anna Karenina
(Joe Wright, 2012)


Anna Karenina




Ficha técnica


Título original:
Anna Karenina
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
129 min.
Género:
Ciencia ficción, Drama
Director:
Joe Wright
Guión:
Tom Stoppard
Reparto:
Keira Knightley, Jude Law, Aaron Taylor, Kelly MacDonald, Matthew MacFadyen, Domhnall Gleeson, Ruth Wilson, Alicia Vikander, Olivia Williams, Emily Watson, Michael Shaeffer, Steven Beard, Pip Torrens, Susanne Lothar, Alexandra Roach, Henry Lloyd, David Wilmot, Tannishtha Chatterjee, Nick Holder, Buffy Davis, Eros Vlahos y Sam Cox


Sinopsis


Anna, una refinada dama de la alta sociedad rusa, se enamora perdidamente de un joven; su creciente obsesión la llevará a dejarse en evidencia dentro del puritano orden social que en la época reg
ía.


Crítica


Actualmente no sorprende lo más mínimo encontrarse con una adaptación cinéfila proveniente del ámbito novelístico (pudiendo transitar el resultado de la misma desde la quimérica excelencia hasta el absoluto fracaso) sustentada en la imperiosa necesidad de plasmar en la gran pantalla las visionarias ideas recogidas en la obra escrita, pero cuando ya se han llevado a cabo múltiples traslaciones con anterioridad como sucede con la que ocupa (concretamente cinco, a finales de los años treinta, mediados de los cuarenta y finales de los cincuenta, setenta y noventa) tal menester se torna cuanto menos discutible (por no afirmar superfluo); basándose en el ejemplar homónimo de finales del siglo diecinueve de León Tolstói (dos temporadas antes se había empezado a publicar en la revista rusa Ruskii Véstnik a modo de folletín pero las desavenencias del autor con su editor hicieron que se publicara finalmente en forma de libro), el inglés Joe Wright aborda nuevamente un clásico de la literatura como ya hiciera con Orgullo y prejuicio (debut cinematográfico detrás de las cámaras sirviéndose de Jane Austen marcado por una serie de planos secuencias que se convirtieron de inmediato en su sello característico, repitiendo dicha fórmula en su versión de Expiación inspirándose en el texto de Ian McEwan) junto al prestigioso guionista Tom Stoppard (autor de libretos como el de Brazil, El imperio del sol y la premiada Shakespeare enamorado) de manera dual y difícilmente englobable en una sola opinión, pues la historia se compone de dos tramas claramente diferenciadas tan interrelacionadas como poco equitativas (extraordinaria y aborrecible, esperanzadora y desasosegadora, elocuente y visceral e incluso lograda y muy recurrente).

Anna Karenina  Anna Karenina
Aunque la problemática suscitada entre los protagonistas vuelva a tratar por enésima vez la temática de un amorío imposible, bien es cierto que éste no se debe a las clásicas razones preestablecidas (conflictos bélicos, posicionamientos sociales y creencias religiosas quedan al margen de la principal causa utópica, aunque todos estos aspectos se engloban dentro de la serie de factores secundarios poco desarrollados y nada esclarecedores que lleva implícita la imposición que sufren los mismos) y, a pesar de haberse podido explotar dicha diferencia sistemática muy positivamente, el director se limita a discernir entre el mero sentir carnal y la irracionalidad que suscita la entrega total a otra persona para crear un entramado de escasa emotividad y nula credibilidad global; así, la inmaculada composición de fervientes imágenes y acertadas piezas musicales queda en un muy lejano segundo plano, pudiéndose observar fácil y rápidamente el cúmulo de carencias del filme al acontecer todos los sucesos en una simbólica escenografía teatral (la cual consigue transmitir de veras las sensaciones buscadas pero también la ínfima seriedad narrativa, pues la magnificación que ciertos compases exigen se resuelve con una exteriorización de dicho emplazamiento para poder extender las coyunturas a planos considerablemente más excelsos aunque al mismo tiempo entorpecedores de la ansiada inmersión del espectador), grandiosamente conseguida en no pocos momentos (los decorados dibujan magn
íficamente la cruel realidad que la época presentaba).
Anna Karenina  Anna Karenina
A finales del siglo diecinueve, en tierras rusas, conviven próxima aunque diferentemente la refinada dama de la alta sociedad Anna (Keira Knightley, pletórica o desvirtuada según el compás r
ítmico analizado) y la no menos adinerada pero más escéptica Kitty (Alicia Vikander, tan convincente como en la reciente Un asunto real y más adorable si cabe que en la misma), ambas esclavas de la despiadada aristocracia que reina; la primera no duda lo más mínimo en aventurarse a encontrar su pareja ideal sin tener en cuenta la bondad e incluso ingenuidad de su comprensible esposo Alexei (Jude Law, acertado como hacía tiempo no se recordaba) y la segunda declina cualquier romántica declaración al pensar que ninguna de las posibilidades puede hacerla realmente feliz, compartiendo las dos un constante malestar interior provocado por la incesante soledad que al fin y al cabo sienten aun contando con el incalculable apoyo  personal (tanto moral como físico) y económico.
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Sin apenas poder evitarlo ni reaccionar, Anna siente una tremenda e ineludible atracción por el conquistador del momento Vronsky (tan voluntarioso como en la espectacular Kick-Ass pero tan errático como en la mejorable Chatroom) y Kitty reflexiona sobre la proposición del noble Kostya (Domhnall Gleeson, absolutamente impecable en todos los matices que su personaje exige bordar), llegando tanto la una como la otra a la conclusión de que merece la pena sacrificar todo aquello que poseen seguro por un incierto futuro; desdichada pasión, inconcebible adulterio, tumultuoso deseo, colérica obsesión y rogado olvido comparten protagonismo en un símbolo de los derechos de libertad de la mujer para elegir su destino en un momento en el que se encontraba a merced de los designios de su obligado hombre contemplando las dos principales vertientes de la palabra de cuatro letras más deseable, a pesar de cobrar especial relevancia el desastre (tanto en el ámbito sentimental como en el social, puritano e inflexivo hasta límites comúnmente insospechados).

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Tan llamativa resulta la poca química que parecen compartir los protagonistas del primer segmento (dos de los actores británicos más importantes del cine contemporáneo en los que se traducen un apático Jude Law y una desmedida Keira Knightley, así como ésta con un sobrepasado Aaron Taylor, una tríada actoral de complicado empeoramiento resolutivo) como la infinita conexión que demuestran los del segundo (un apasionante Domhnall Gleeson y una fantástica Alicia Vikander se encargan de ello formando una maravillosa dupla de ensueño, siendo la escena del intercambio de mensajes a través del juego de los dados alfabéticos posiblemente la mejor secuencia de la producción, un prolongado instante que abarca cerca de diez minutos repleto de intenciones consumadas de manera poco ortodoxa pero soberbia), contraposición de pareceres que trasciende lo meramente interpretativo para llegar a repercutir seriamente en la intríngulis de la bifurcada historia debido al evidente contraste de los unos y los otros; la quimérica cuestión de solventar la duda acerca de cómo afrontar en pleno siglo veintiuno la adaptación de una obra cumbre de la literatura decimonónica sin escudarse en un distanciamiento irónico postmoderno ni dilapidar la ilusión del simulacro subrayando al unísono la crítica hacia una aristocracia rusa decadente no ha sido cercada por Joe Wright, pues de haber sido así seguramente habría optado por un progreso menos desordenado y frenético (devenir danzantico regido por el constante movimiento en el escenario que lejos de trascender e infundir dinamismo importuna sobremanera) y, sobre todo, dispuesto de un elenco con mayor compaginación global sin hacer tanto hincapié en detalles finalmente intrascendentes(motivo por el cual la duración alcanza ciento treinta minutos, pues de haber sido eliminados supondría un desasosiego y a su vez un gran agradecimiento desde el punto de vista del insostenible longevo visionado) e insistir en ciertas precipitaciones.



Daniel Espinosa




 
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