Almost human 23-06-2017 03:16 (UTC)
   
 

Almost human
(Joe Begos, 2013)


Almost human




Ficha técnica


Título original:
Almost human
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
80 min.
Género:
Ciencia ficción, Terror
Director:
Joe Begos
Guión:
Joe Begos
Reparto:
Graham Skipper, Josh Ethier, Vanessa Leigh, Caron Rae, Diana Porter, Antohny Ambrosino, Bill Rice, Adam Finelli y Claire Berger


Sinopsis


Mark Fisher, un hombre que dos años atrás desapareció de su casa absorbido por un brillante haz de luz, ha vuelto para sembrar el caos...



Crítica


Sin relación alguna con las mediocres películas de zombies nazis rodadas a principios de los ochenta (es preciso señalar esto en primera instancia por motivos obvios), Almost human creó una gran expectación desde que su cartel promocional (obra de The dudes design, compañía cuya concepción artística se sitúa en el plano de la excelencia con diseños de auténtico mérito como el presente) viera la luz, curiosidad que ha alcanzado su cenit con las oportunas proyecciones en certámenes (al fin y al cabo el mercado de la cinta parece estar circunscrito en el ámbito de los festivales especializados y pertenecer a sus respectivas secciones oficiales) de todo el mundo, despertando más interés si cabe a raíz de darse a conocer (mediante las opiniones de los presentes a dichas veladas cinéfilas) el sumo cuidado con el que ha sido acabo el producto, con un argumento primitivo pero eficaz; la mezcla de ciencia ficción (en este caso abducciones, eventos morbosos donde los haya) con terror (cometidamente diluido para dotar de más relevancia a la pavorosa atmósfera que impregna cada fotograma de nostálgica magia) siempre ha sido una debilidad para muchos, percibiéndose en cualquier caso una calidad claramente superior tanto en la definición de personajes como de la tensión que puebla la historia a la mayoría de semejante índole, siendo el contexto situacional (en una pequeña población de montaña) un aporte propio de Stephen King que comporta una considerable elevación de las expectativas, a pesar de lo presumible, gratamente consumadas.

Almost human  Almost human
En un acto tan instintivo como pensar seriamente en saludar al transeúnte que, con un gesto amable y a la vez exigente, solicita al conductor la detención del autobús en el que uno va circulando por territorios tanto céntricos como periféricos, nace sonrojarse por el incontrolable beneplácito que delata la sonrisa dibujada por las situaciones plasmadas (no risibles sino complacientes), y es que la estrategia de Joe Begos (quién creería que sólo acumula un cortometraje previo en su carrera a juzgar por la naturalidad con la que se desenvuelve detrás de las cámaras) de dosificar el misterio que contrae la transformación (más de comportamiento que de físico) del antagonista, junto con una sobrada dosis de violencia y terror a la vieja usanza, funciona inmejorablemente; nada de adolescentes proclives a mostrar gratuitamente sus senos ni excéntricas comicidades, el trabajo luce maduro y emocionante a pesar de no contar con actores reconocidos y ser evidente que el recorrido internacional se antoja complicado, pues aun siendo un metraje de bajo presupuesto realizado por y para los amantes de las películas de género con insalvables restricciones, es más efectivo que el hecho de caminar por la calle resguardado bajo el cobijo de un paraguas mientras llueve y bastar ver cómo otro cierra el suyo para hacer lo propio aunque siga cayendo agua a raudales o haga una eternidad que no lo hace, sin pretender ser más de lo posible partiendo de una idea atractiva para el espectador que se va desarrollando de manera muy humilde y oriunda, regalando divertidos y sangrientos momentos no tanto novedosos como justificables en relación a la trama y, sobre todo, genialmente recreados.

Almost human  Almost human
El trece de octubre de mil novecientos ochenta y siete (la fecha en sí misma no es relevante pero deja entrever, al igual que el patrocinio de Channel 83, que la primacía del estilo retro es total) Seth (Graham Skipper, la fragilidad inicial y la paulatina fuerza de voluntad que se ve obligado a asumir las representa notablemente), un hombre cuya existencia transita entre lo mediocre y lo mundano sin que nadie le tome en consideración, huía despavorido por los frondosos bosques del condado de Patten hasta personarse en la casa de Mark (Josh Ethier, muy poderoso en todos los sentidos del término), su mejor amigo desde la infancia, y la novia de éste, Jen (Vanessa Leigh, a pesar de que en los compases más dramáticos denota algo de inexperiencia desempeña bien su labor), advirtiendo a la pareja acerca del infierno alienígena en el que se había convertido el exterior asegurando que una luz azulada había abducido a cierto conocido en común, pero el repentino anfitrión no lo creyó y, al ir a comprobar lo que realmente estaba sucediendo, un estridente zumbido le atrajo haciéndole desaparecer misteriosamente tras proferir un profundo grito; acusado de ser el causante de la desaparición en cuestión y puesto en libertad al poco tiempo por falta de pruebas, el testigo presencial masculino vive perpetuamente atormentado, contrariado e incomprendido, mas ahora, dos años después, brutales crímenes están ocurriendo, crueles asesinatos de imposible asunción racional que harán que todo cambie, y es que las señales se están repitiendo, las luminiscencias vuelven a atisbarse en el oscuro cielo nocturno del lugar y, lo más perturbador, un cuerpo desnudo cubierto de una extraña sustancia viscosa ha aparecido, el de Mark, pero ahora sólo es casi humano (aquí reside la evidente motivación del título)...

Almost human  Almost human
En un inicio se homenajea a la inusual Xtro (puramente de ciencia ficción con elementos extraterrestres) de Harry Bromley, pero los impases de terror y gore son frecuentes y recuerdan enormemente al clásico La Cosa de John Carpenter, aunque, a pesar de lo que la sinopsis pueda hacer pensar, Almost human es un slasher independiente americano en el que el reparto protagonista, que voluntariosamente se hace cargo de los papeles principales (los encargados de hacer lo propio con los secundarios tienen la única empresa de morir atrozmente y por ello juzgarlos es complicado), sustenta la permanencia del interés al cumplir a la perfección con su cometido sin excesivos alardes, lo cual se presume un acierto al haber podido percibirse ridículas unas encarnaciones más exageradas; todos aquellos que disfruten con este tipo de producciones se recrearán con los sencillos pero tremendamente eficaces métodos empleados (a pesar del muy ajustado presupuesto funcionan a las mil maravillas, especialmente en lo que a efectos especiales se refiere), siendo lo más importante no la banda sonora, la fotografía o las interpretaciones individualmente sino el conjunto de los elementos, uniéndose todos ellos para crear un producto que alimenta esa ansia de ver lo que no se encuentran habitualmente (excepciones siempre las hay, pero pocas) en salas comerciales, abundando en las carteleras cintas con más movimiento que el que produce el constante ir y venir del transporte metropolitano en cualquiera de sus siempre agobiantes rutas.

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Durante ochenta minutos (contabilizando los créditos finales y la breve secuencia posterior, un detalle antaño común y en la actualidad olvidado que prácticamente obliga al espectador a ver transitar por la pantalla todos los nombres de los participantes en la producción para, finalmente, ser recompensado con algunos segundos más de metraje, no tan relevantes como curiosos y, normalmente, como aquí sucede, prometedores de una futura secuela), el festín de diversión y vísceras se sirve en un plato frío (la venganza contra los no muertos o corporeidades ocupadas por seres no humanos sabe así mejor según el dicho popular) de majestuosa composición de ingredientes, en este caso no culinarios sino fílmicos, consumiéndose la película en un abrir y cerrar de ojos; el plausible debut (tanto en la dirección como en el guión) de Joe Begos puede que sea intrascendental, pero la descomunal emoción de plenitud que el filme deja, una inexplicable emoción con reminiscencias a los años setenta (así como a películas más recientes como El cazador de sueños y las ya citadas en el párrafo anterior por la compartición de ideales relacionables, por no sentenciar exactamente idénticos) que se aleja por completo de la que suelen suscitar ésta clase de propuestas, nefastamente desarrolladas e igualmente alargadas hasta extenuar, algo que aquí no se da al presentarse una historia básica pero absorbente y un minutaje que para nada precisa de aguante al desplegarse dinámica y rápidamente una trama perfectamente digerible, es más, totalmente regocijante, salvo los últimos diez minutos, pues sin llegar a ser una debacle resultan precipitadamente convulsos y escasamente elocuentes.



Daniel Espinosa




 
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