Acción mutante 18-08-2017 03:14 (UTC)
   
 

Acción mutante
(Álex de la Iglesia, 1993)


Acción mutante




Ficha técnica


Título original:
Acción mutante
Año:
1993
Nacionalidad:
España
Duración:
88 min.
Género:
Ciencia ficción, Comedia
Director:
Álex de la Iglesia
Guión:
Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarria
Reparto:
Antonio Resines, Álex Angulo, Juan Viadas, Saturnino García, Karra Elejalde, Alfonso Martínez, Ion Gabella, Enrique San Francisco, Frédérique Feder, Fernando Guillén, Jaime Blanch,  Felipe Vélez, Rossy de Palma Bibiana, Fernández, Francisco Maestre y Santiago Segura


Sinopsis


Una extraña banda terrorista que pretende castigar a los adinerados y galanes planea el secuestro de la hija de un empresario de renombre...



Crítica


La cuadragésima séptima edición del Sitges Film Festival rendirá homenaje, a través de la prácticamente siempre satisfactoria y reminiscente Sección Brigadoon, a la recientemente desaparecida figura del actor Álex Angulo con la proyección de Acción mutante, compareciendo presencialmente a la misma el propio director de la cinta, el doce veces nominado a los Goya (contabilizando las categorías de Mejor Director, Mejor Fotografía, Mejor Guión, Mejor Música y Mejores Película por hasta cinco obras distintas, así como la de Mejor Director Novel precisamente por ésta, resultando el gran triunfador de la noche de la última gala al sumar al único galardón cosechado hasta la fecha por El día de la bestia nada menos que ocho más) Álex de la Iglesia, respaldado por Carles Gusi, quien consigue firmar un apartado fotográfico impagable; el vizcaíno, con Pedro Almodóvar como productor de lujo, situó la acción en la que supuso su ópera prima en tierras bilbaínas (si bien los escenarios pueden confundirse con cualquier otra ciudad), en un por aquel entonces lejano futuro robotizado ahora ya superado (el año dos mil dos) y haciendo alarde de unos movimientos de cámara realmente deslumbrantes desmintiendo a aquellos que afirman (la mayoría de veces sin yerran) que una pieza primeriza es desastrosa e inevitablemente proclive a recurrir a la desmesura, siendo una convincente comedia de enérgica puesta en escena y sólidas interpretaciones de un muy coral elenco amplio a la par que solvente.

Acción mutante  Acción mutante
Considerada una de las películas de culto más importantes del estado (y fuera de él, trascendiendo en territorio japonés hasta provocar un impacto tal que se relaciona el cine ibérico con el desmadre menos formal), se distanció del regimiento que imperaba (tres eran los monotemmas, la guerra civil, los triángulos amorosos y las comedias ligeras próximas a las musicales de hoy en día) ofreciendo algo novedoso aunque de dificultosa digestión, una sátira tanto periodística como política repleta de frases memorables (lapidarias como “más tira los pelos dl coño que un carro de bueyes” y machistas como “aquí la comida sobra, lo que nos hace falta es alguien que cocine”) que encontró en las similitudes entre el clan protagonista y un comando etarra las mayores críticas pero también las mejores alabanzas; muy pocos se habían atrevido hasta entonces a plasmar cómo la sociedad está constantemente influenciada por los medios de comunicación, alterando a su merced los hechos que originan las noticias hasta el punto de barajarse la posibilidad de que los tullidos extremistas protagonistas sean en realidad héroes, lo cual no casa si se reflexiona seriamente pero sí se procede del modo requerido (el modo de proceder es alarmante pero la base es la misma que la defendida por Robin Hood), despreocupada y consintientemente como instiga el disparatado metraje por sí mismo, un divertimento en el que el materialismo se traduce en la vertiente más surrealista de las atroces (no por ello menos necesarias de estudio e introversión) ideas que confluyen.

Acción mutante  Acción mutante
Los miembros de Acción Mutante, un desastroso grupo de minusválidos terroristas compuesto por Ramón (Antonio Resines, cerebro de la agrupación capaz de regenerar sus tejidos espontáneamente que es puesto en libertad tras purgar cinco años de prisión por tenencia ilícita de armas), Álex y Juan (Álex Angulo y Juan Viadas, siameses de nacimiento unidos por el hombro que guardan una dispar lealtad hacia su líder), César (Saturnino García, reputado criminal temido por tener perennemente adheridos en el pecho cinco quilogramos de amonal que se desplaza en una unidad de locomoción de gravedad cero), José (Karra Elejalde, experimentado mecánico sufridor de una disfunción del nervio radial que porta tutores de metal a lo largo de dichos miembros y guías en una de sus piernas), Amancio (Alfonso Martínez, musculoso sordomudo que siempre anda provisto de dos pequeños rifles de gran alcance y un descomunal mazo) y Jose (Ion Gabella, jorobado enano que administra la banda haciendo valer sus conocimientos de judaísmo, comunismo y homosexualidad) pretenden asestar un duro correctivo a quienes consideran una lacra, los afortunados física y dinerariamente; sus próximos y presuntamente últimos objetivos son Luis y Patricia (Enrique San Francisco y Frédérique Feder, novios que se dan el sí quiero para contraer matrimonio a pesar de no complementarse sentimentalmente), no por sus personas sino por ser allegado y familiar, respectivamente, del señor Orujo (Fernando Guillén, industrial multimillonario dueño de una afamada fábrica de panecillos integrales que nunca ve saciada su ambición), ominoso poseedor de una riqueza sin parangón al que le será exigida la entrega de cien millones en billetes viejos dentro de una maleta antifusión en el bar “La mina perdida”, punto de entrega ubicado en el Valle del Diablo del planeta Axturias (en el que curiosamente no hay mujeres) para cumplir las condiciones del rescate de su hija (el mensaje que contiene dichas instrucciones concluye con un “ala, a cascarla”).

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A tan variopinta mezcla de extraños seres arengados por la pronunciación de tres grandes preguntas (¿qué erais cuando os encontré?, ¿quién os sacó del arrollo y os hizo lo que sois? y ¿qué sois ahora?) cabe añadir la aparición de dos reporteros del canal de televisión local JQK exhibidos por sus apellidos, Blanch y García (Jaime Blanch y Felipe Vélez, narrador y presentadora que difunden informes en directo), varios habitantes de la galaxia Gutenberg (entre ellos rostros tan lujuriosos como los de Bibiana Fernández y Rossy de Palma, singulares aborígenes que no pretenden adaptarse a las reglas de coexistencia básicas), cuatro ermitaños del desierto (entre los que destacan Francisco Maestre y Santiago Segura, peculiar patriarca y carnal discípulo que ocupan su tiempo viendo en la televisión vídeos pornográficos) y decenas de mineros locales (nombrar a los actores que los encarnan resulta dificultosa al ser simples y desconocidos secundarios); entre recibimientos, asesinatos, apaleamientos, conducciones, planificaciones, festejos, confusiones, bailes, carcajadas, acuchillamientos, apagones, tropiezos, griteríos, masacres, bofetadas, amenazas, juegos, amordazamientos, apuestas, cánticos, traiciones, engaños, difamaciones, malentendidos, discusiones, enamoramientos, rociamientos, colisiones, atamientos, accidentes, descomposiciones, disecciones, asaltos, eyaculaciones, apuñalamientos, torturas, violaciones, excitaciones, conducciones, tergiversaciones, publicidades, advertencias y tiroteos, a ritmo de una versión alternativa de la sintonía de Misión imposible y “Aire de fiesta” de Karina, se decidirá el futuro de los implicados y, es más, el de la humanidad en su íntegra generalidad...

Acción mutante  Acción mutante
“La sociedad nos trató como mierda, ahora les vamos a dar por el culo; el mundo está dominado por niños bonitos hijos de papá, Dios, basta ya de mierdas light, basta ya de colonias, de anuncios de coches, de aguas minerales, no queremos oler bien, no queremos adelgazar”, éste extracto de plática describe a la perfección la extensa e intensa crítica social que en Acción mutante se recoge, un atípico producto de la época que tuvo una notable repercusión mediática y que, a base de exposiciones de algunas de las muchas contradicciones del sistema disfrazadas de presumibles ridiculeces, logró cautivar al público (que consiguiera hacer lo propio con las generaciones más modernas, ávidas de un tipo de espectacularidad más tangible y menos creativa a causa de la forzosa evolución de los valores de transgresión, se antoja toda una quimera); el filme es vibrante en el desarrollo, generoso en los diálogos y soberbio en la estética, iniciándose con un ritmo enloquecido que paulatinamente disminuye en virtud de un argumento de lo más original, una ruptura con el clasicismo español que abrió una nueva corriente de bendita excentricidad extrema en la que se podrían englobar producciones del calibre de Airbag, de la rareza de El milagro de P.Tinto y del éxito de la saga Torrente, cuya quinta entrega (con Alec Baldwin como invitado de excepción) se lanzará en apenas unos meses para defender el espíritu.



Daniel Espinosa




 
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