¡Piratas! 25-06-2017 15:37 (UTC)
   
 

¡Piratas!
(Peter Lord y Jeff Newitt, 2012)


¡Piratas!




Ficha técnica


Título original:
The Pirates! Band of misfits
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
89 min.
Género:
Acción, Animación
Director:
Peter Lord y Jeff Newitt
Guión:
Gideon Defoe
Reparto:
Hugh Grant, Salma Hayek, Russell Tovey, Brendan Gleeson, Ashley Jensen, David Tennant, Imelda Staunton, Jeremy Piven, Brian Blessed, Lenny Henry, Martin Freeman, Mitchell Mullen y Connor Byrnes


Sinopsis


A pesar del entusiasmo que le pone, al Capitán Pirata no le gusta tener que aparentar ser malvado, aunque no tiene más remedio que ser así si quiere ser respetado por sus rivales. Secundado por una tripulación bastante desastrosa, el Capitán sueña con vencer a sus adversarios para así conseguir el máximo galardón dentro del mundo de la piratería.



Crítica


La humilde factoría Aardman Animation (responsable de la representativa Wallace y Gromit), junto a Sony Pictures, propone un divertimento estival dirigido por uno de los integrantes más populares de dicha compañía, Peter Lord, quien desde Chicken Run: Evasión en la granja se perfila como uno de los directores más innovadores en cuanto a visualidad se refiere y transgresores (mediante retrospectivas) en relación a las temáticas tratadas en sus producciones; volviendo a presentar a los personajes de la trama en forma de plastilina animada (no sucede lo mismo con los escenarios, que lucen increíblemente reales gracias al empleo de modernas técnicas de ordenador a pesar de no gozar de la tridimensionalidad que pudieran), el filme se convierte en un completo espectáculo para niños que no carece en ningún momento ni de sentido del humor ni de capacidad de dialogar con los más pequeños (sirva de ejemplo la aireada conversación que mantiene la tripulación acerca de la mayor ventaja que supone ser un pirata, para algunos es portar el afilado sable, para otros son los motines y para algún descerebrado la oportunidad de contagiarse de exóticas enfermedades), público al que claramente va dirigida la cinta pero al que se le trata con decencia y respeto, no cual animal infravalorado (consideración que viene implícita innumerables películas de semejante o id
éntica índole).
¡Piratas!   ¡Piratas!
El Capitán Pirata (Hugh Grant, indiscutible su talento doblador; José Coronado en la versión española, mucho menos convincente priori pero ideal) se dispone a participar en el campeonato anual que galardona al mejor pirata con el Premio al Pirata del Año, reconocimiento que siempre ha ansiado y del que se ha visto continuamente alejado por sus inmediatos enemigos Black Bellamy (Jeremy Piven) y Cutlass Liz (Salma Hayek, anclada en doblajes de nacionalidad latina, aunque éste no sea un aspecto negativo ni mucho menos), así como otros contrincantes de superior talento extractor, no obstante, la presente edición se presenta mucho más disputada, pues el Capitán contará con la inestimable ayuda de su desastrosa tripulación y de un extraño a la par que célebre personaje al que asaltan en uno de sus motines (tras desastrosos resultados al intentar asaltar un barco leproso, uno nudista e incluso uno fantasma), Charles Darwin (David Tennant, perfecto para la ocasión al dotar de suma personalidad al caricaturesco personaje), quien parece estar inmensamente interesado en el inseparable dodo (una especie de loro ancestral extinguido desde hace siglos) que sirve de inspiración y unión para el tan disparatado como inexperimentado grupo; será el punto de partida de una increíble aventura que comienza a orillas de Blood Island (isla en la que acontece la presente edición del nombrado certamen) y termina en las oscuras y nebulosas calles de Londres, localización en la que el grupo de intrépidos piratas se asociará al mencionado científico y su adiestrado chimpancé Bobo para conseguir el primer lugar en el prestigioso festival de la ciencia que se celebra en dicha ciudad presentando al popularmente apreciado dodo, pero la empresa no resultará sencilla, pues la Reina Victoria (Imelda Staunton, maravillosa prestación de voz) no cesará en su empeño por exterminar todo lo relacionado con la piratería, yendo tras ellos movida por su odio a los de su condición, ensañamiento que desembocará en una espiral de infortunios en el QVI, el imponente buque de la Reina (los animadores recurrieron a cerca de 30.000 lentes para configurarlo, pegándolas sobre el casco para figurar los numerosos remaches) en el que se celebra un congreso culinario de lo más selecto, al cual solamente pueden asistir las más importantes personalidades internacionales aportando individualmente un plato inaudito, aquel que consideren el más exclusivo y suculento para sorprender y encandilar a los demás comensales.
¡Piratas!  ¡Piratas!
Peter Lord
retoma con ¡Piratas! la tradición de las películas de alta mar con todos sus tropos genéricos para construir una historia de aventuras de formato ortodoxo pero colmada de dosis de humor e ironía británica (aunque ésta precisamente sea tratada sin trascendencia ni originalidad alguna y termine semejándose a una alarmante recopilación de tópicos); la obra está inspirada libremente en la serie de libros humorísticos homónimos escritos por Gideon Defoe (los cuales comenzaron a editarse ocho años atrás, contando en la actualidad con cuatro volúmenes más un quinto que se encuentra en fase de preparación), referencia que resulta gratificante a la par que recurrente (en el más amplio sentido de la palabra), siendo en resumidas cuentas una absurda y burlesca aventura que compagina el universo histórico con el fantástico y cuya talentosa labor de confección no merece sino elogios; la dedicación y sumo cuidado por los detalles del estudio Aardman Animations es legendaria, entre dicha perfección artesanal cabe destacar que el buque del Capitán Pirata y su tripulación fue totalmente fabricado a mano con más de 44.569 piezas precisando de más de 5.000 horas para su elaboración (alcanzando finalmente el desorbitado peso de 350 kilos), que la sala del tesoro de la Reina Victoria contiene más de 400.000 monedas de oro, y que se crearon más de 220.000 objetos para cubrir con ellos todos los decorados (cada pieza fue hecha a medida por un extenso equipo compuesto por sopladores de vidrio).
¡Piratas!  ¡Piratas!
Además de lo señalado con anterioridad, para lograr que los personajes pudieran corresponderse con los diálogos los animadores crearon más de 6.818 bocas (1.364 solamente para el Capitán Pirata), hazaña que se logró concibiendo en primer lugar las bocas por ordenador (lenguas y dientes incluidos) para fabricarlas posteriormente mediante una impresora de tres dimensiones de prototipo rápido (como medida práctica, todas las bocas fueron concebidas de antemano directamente en las formas asociadas con las vocales más utilizadas); por si esto fuera poco, la barba del Capitán Pirata es en sí misma un verdadero mecanismo de relojería, ya que para moverse de manera natural a los movimientos de su propietario se fabricó a partir de una cabeza de guitarra y de sus cuerdas, requiriendo más de un año de trabajo; otro de los obvios reclamos de la propuesta es el personaje del Pirata Albino, no por su trascendencia ni por su doblaje original (a cargo de un sembrado Russell Tovey), sino porque en la versi
ón español corre a cargo de la famosa estrella barcelonista de balompié Andrés Iniesta prestar su voz.
¡Piratas!  ¡Piratas!
La mayoría de los elementos visuales en la pantalla están hechos a partir de decorados reales o confeccionados en plastilina, hecho que en ciertos compases desestabiliza la perfecta unión entre imagen y sonido (éste último aspecto apoteósico), aunque el mar resultó imposible de reproducir gracias a la animación imagen por imagen, y por ello se utilizó para ese aspecto específico la animación digital, recurso del que también gozan numerosas secuencias londinenses y que permite una variedad de movimientos y una libertad que conlleva más espacio y dinamismo, virtudes de las que carecen las escenas que no se aprovechan de dicho avance tecnológico; sin alcanzar el nivel de muchas propuestas de idéntica temática, es cierto que el metraje entretiene y solventa sus múltiples carencias (especialmente argumentales, ya que la apuesta por los elementos clásicos resulta demasiado obvia) con una puesta en escena singular y motivadora (gloriosamente artesanal), así como con un reparto (vocal) de reconocido prestigio, apelando por el humor más inconsecuente y una reciprocidad absoluta (aunque el sector adulto se sentirá algo desamparado en ella en demasiadas partes del metraje).



Daniel Espinosa




 
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